Sunday, April 20, 2008

El Vaticano empleó a 6.000 judíos esclavos en el nazismo

Sobre el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, Benedicto XVI se preguntaba en 2006 “dónde estaba Dios en aquellos días”. No mencionó la culpa de los alemanes y calificó el Holocausto como un “instrumento de la saña destructiva” de un “grupo de criminales”. Tampoco se planteó otra cuestión: ¿dónde estaba la Iglesia católica? El cardenal Karl Lehmann presentó ayer en Maguncia un estudio que ilustra el papel de la Iglesia de Roma en el sistema nazi de trabajos forzados durante la II Guerra Mundial. Entre seis y ocho mil esclavos judíos trabajaron para ella, segú publica hoy El País, de España.

El historiador Karl-Joseph Hummel, que ha editado este informe, describía ayer las dificultades de los católicos bajo el nazismo. “Mediante contratos con el Ejército, los monasterios y otras instituciones evitaban las posibles expropiaciones” de un régimen hostil. Para cumplir estos contratos en medio de la guerra, la Iglesia recurrió a los trabajadores forzados puestos a su disposición por los nazis como “medida de autodefensa”. El catedrático de la Universidad Libre de Berlín Wolfgang Wippermann destacaba la “estrecha relación” entre la Iglesia católica y la Comisión de Historia que ha guiado el estudio. Para él “tiene como meta la justificación de algunos comportamientos del Vaticano respecto a la Alemania de Hitler”.

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Criar hijos en un hogar de padres no creyentes

En diciembre pasado llegó a mis manos el libro Hijos sin Dios que postula un estilo ateo de vivir y explica, con un lenguaje ameno y epistolar, cómo criar chicos ateos. El libro demuestra que criar hijos sin religión es enseñarles a ser dueños de sus actos, resposables de sus opciones de vida, protagonistas de su destino. Es ayudarlos a disfrutar de la vida que tenemos hoy, yendo más allá de un marco sostenido por la fe incuestionable y una tradición que promueve la repetición y la impostura. Sobre todo esto, escribí la nota: Cómo educar a los hijos sin religión.

Hoy el diario La Nación (Arg.) publica una entrevista con el autor del libro. Alejandro Rozitchner, un reconocido escritor y pensador que participa del diálogo público con originalidad y despreocupación. Que lo disfruten!

Alejandro entra en el bar y un mozo le pregunta: “¿Y? ¿Ya nació?” La sonrisa que se dibuja en la cara de Rozitchner borra el apuro con que se lo vio llegar. “Sí. Ayer”, contesta este licenciado en filosofía de 47 años, autor de catorce libros y padre de Bruno, Andrés y, ahora, también de Félix. El mozo lo felicita con una palmada en la espalda.

Hijos sin Dios es su último libro, escrito junto con Ximena Ianantuoni, su esposa. “Quisimos abordar los problemas que surgen en la crianza cuando los padres son ateos”, dice Rozitchner. “No porque surjan más que en la crianza religiosa, sino porque son problemas distintos acerca de los cuales todavía no se ha pensado demasiado.”

Alejandro Rozitchner es uno de esos pocos pensadores que abandonaron el ámbito universitario y de las aulas, y se dedicaron a “buscarle la vuelta a la cosa”. Es conocido por su estilo franco y, muchas veces, provocador. “Tuve una beca en el Conicet, pero me harté de todo lo académico”, dice. “Entonces abandoné la beca y empecé a hacer cosas interesantes con el pensamiento.” Esas cosas interesantes lo llevaron a dictar talleres, a trabajar como guionista para Antonio Gasalla, a colaborar en varios proyectos con Mario Pergolini, a escribir varios libros -entre ellos Ideas falsas , Malvinas, Amor y país , Argentina impotencia - y, por último, a sistematizar sus ideas acerca de lo que significa criar hijos sin religión.

“La perspectiva atea permite revalorizar la crianza”, dice Rozitchner, “pero, al mismo tiempo, surgen algunos problemas”. Los chicos que crecen en casas ateas les preguntan a sus padres: ¿nosotros qué somos, católicos, judíos, o qué? O cuando una amiguita toma la primera comunión quieren saber por qué ellas no pueden ponerse un vestido así y hacer una fiesta. “Mi mujer y yo estamos convencidos de que esas preguntas, legítimas, importantes, tienen una respuesta religiosa, pero también tienen una respuesta atea.”

Ximena Ianantuoni es psicóloga, trabaja dando apoyo en tratamientos de fertilidad y haciendo consultoría en organización familiar. “Quise escribir el libro con ella porque para mí es una influencia muy fuerte en términos de pensamiento. Nuestro enganche pasa por lo sensual, como toda pareja, pero también por lo intelectual.”

Rozitchner emana una vitalidad poco frecuente. A lo largo de la entrevista se ríe en varias ocasiones de su propia vehemencia y no deja de agradecer a cada una de los conocidos del barrio que interrumpen para preguntarle si el bebe ya nació.

-¿Qué significa, para vos ser ateo?
-Para empezar, ser ateo no quiere decir no creer en Dios. Un ateo no se define en relación con la religión, sino en función de su propia visión del mundo, que no requiere caer en un poder superior para encontrarle sentido a la vida. Para el ateo el sentido no viene dado por una realidad trascendente, sino que tiene sentido de por sí. La vida es avasallante, compleja, maravillosa e incomprensible. Para un ateo, que la vida no pueda comprenderse no quiere decir que haya que apelar a Dios. Hay que entender y aceptar que la vida no es un fenómeno para comprender, sino para experimentar, que es plena en sí misma y no va a dar a ninguna parte.

-¿Desde cuándo sos ateo?
-Desde siempre. Entiendo que haya gente que crea en Dios y que Dios existe como una idea inventada por el hombre, pero yo no fui educado en esa visión del mundo. No necesito la idea de un creador, una realidad trascendente que encierre los valores de todas las cosas.

-¿Nunca sentiste necesidad de creer?
-Para nada. La estructura de mi pensamiento no está basada en la fe. Las personas religiosas me dicen, “pero creerás en algo, aunque no sea en Dios”. Pero yo no creo cosas: quiero cosas, sé que existo, y punto. Me gusta decir que en la frase “yo creo en Dios”, la parte clave no es “dios”, la parte clave es el “yo creo”. Y es que los ateos no tenemos la estructura de la fe para encontrar el sentido de la vida. El sentido está en nuestra sensibilidad misma, en nuestro deseo, en nuestro cuerpo. Y no por eso somos inmorales o poco constructivos socialmente, tal vez justo lo contrario. Respeto a los creyentes, pero quisiera que se respetara de la misma manera a los ateos.

-¿Sin religión, qué postura ética se puede tener ante la vida? ¿En qué se asientan tus valores, si no los consideras trascendentes?
-Creo que el asiento verdadero de los valores es un pacto social: nos ponemos de acuerdo en qué nos parece bueno y qué malo, y hacemos leyes y normas de conducta basándonos en eso. Aun cuando muchas veces se aluda a los valores como si fueran algo trascendente, en realidad fueron fundados por personas que pensaron y sintieron cosas. Es un error pensar que para ser buena persona, o para tener valores, sea necesario creer en Dios. Si no crees en Dios tus valores se fundan en tu pensamiento, en tu deseo, en lo que vos sos, en lo que querés. Y entonces sos una persona mucho más real y verdadera.

-Sin religión, ¿cuál es el sentido de la existencia?
-La clave está en el deseo. La identidad no está dada ni por la historia, ni por el contexto. Está dada por lo que vos querés; eso es lo que te define. Yo soy mi deseo. Por supuesto que en ese deseo está presente mi historia, la historia del hombre, la de mi sociedad. Pero lo más valioso es el nivel de expresión que surge de la estela emotiva personal. La peculiar identidad de cada quien.

-Si alguno de tus hijos te pide tomar la Primera Comunión o hacer el Bar Mitzvá, ¿qué le vas a decir?
-Mi posición no es la de esos que dicen que hay que escuchar todas las campanas para después decidirse por una. Si fuera así, los dejaría probar cosas nocivas para que después decidieran si les hace bien o mal. Como padre, procuraré que no prueben aquello que sé que puede hacerles mal. Y como a mi juicio la religión es un sistema que debilita a las personas, trataré de que mis hijos no vayan por ese camino.

-¿Cuán importante es para vos ser ateo? ¿Podrías haberte enamorado de una mujer que practicara alguna religión?
-No es que yo tenga el dogma de decirme “no te relacionarás con gente religiosa”. Tengo amigos católicos, tengo amigos judíos, y hasta tengo amigos peronistas. Para que veas lo abierto que soy. Quiero decir: está todo bien. No valoro a las personas porque sean ateas o no, pero cuando se arma una pareja es otra cosa. Ahí surgen acuerdos de sentido muy básicos que se dan de manera espontánea. Creo que el amor conlleva una visión del mundo similar y para mí era importante compartir esa visión.

- ¿Te parece que es mejor ser ateo que creyente?
-Sí, pero el libro no fue escrito con la idea de evangelizar ateamente a los creyentes. Cada uno tiene que sentir lo que siente, y eso se debe respetar. Lo que queríamos con el libro era abrir el espacio para que la experiencia del ateísmo fuera más libre entre los chicos y que ellos pudieran decir “soy ateo” y que eso fuera perfectamente asumido en la realidad escolar. El punto máximo sería lograr que la Constitución Nacional acepte que el presidente no tiene por qué tener ninguna religión. Me parece mal que el Estado argentino tenga una religión. Creo que es una falta de respeto para las personas. El Estado no tendría que tener religión.

-¿Cómo les explicás a tus hijos la muerte? ¿Adónde les dirías que van los seres queridos que se mueren?
-A ningún lado. Les diría que ese ser querido ya no está en ninguna parte, que si lo sentimos vivo es porque lo recordamos, porque en nuestro cuerpo persiste la emoción de amarlo y es difícil aceptar que ya no esté en ninguna parte. Les diría que las personas que han muerto dejan en nosotros su huella y mientras esa huella persista ellos no desaparecerán del todo.

-¿Qué ventajas tiene la crianza atea?
-Creo que hace a los niños más sensuales, más libres, más capaces de tomar decisiones y pensar por sí mismos. Una crianza atea significa mucho más que decirle no a Dios. Significa basarse en la experiencia de vivir como creadora de sentido, como suficiente en sí misma. Esto revaloriza la idea de crianza, la despoja de fantasmas. Una crianza atea es pura vitalidad.

-¿Te parece mal que otros eduquen a sus hijos en la religión?
-No, pero podríamos decir que criar hijos dentro de determinada religión es una especie de abuso, así como lo es hacerlo muy rápido socio de un club de fútbol. Es imponerles un modo de pensar aún antes de que ellos sean capaces de hacerlo. A los chicos religiosos les tiran encima un montón de planteos que convocan una cierta sumisión. La religión es un marco de comprensión que impide que las personas busquen su propio sentido de la vida.

-Pero cuando les enseñás tus valores a tus hijos, tus valores ateos, ¿no estás también sometiéndolos a tu modo de pensar?
-Por supuesto. Lo que pasa es que yo no creo que los valores se enseñen diciendo “te voy a enseñar cuáles son mis valores”. Al vivir expresamos nuestros valores aunque no tengamos conciencia de ello. Cada padre expresa sus valores y educa a sus hijos en esos valores y, en ese sentido, está perfecto que los creyentes eduquen a sus hijos en sus creencias. Sin embargo, cuando veo a padres criando a sus hijos de un modo religioso no puedo evitar sentir una especie de escozor. Pero supongo que a ellos les debe de dar escozor que yo deje a mis hijos a la intemperie, bajo el cielo infinito del universo, sin ningún tipo de constricción religiosa.

-En el libro ustedes dicen que “criar hijos ateos quiere decir enseñarles a creer en sí mismos sobre todas las cosas… transmitirles la sensación de que pueden confiar en sus decisiones sólo por el hecho de ser ellos quienes las toman”. ¿No te parece que eso equivale a ponerse a sí mismo por encima de todo lo demás? ¿Hacer del individualismo casi una religión?
-Creo que la palabra “individualismo” es una palabra que describe el fenómeno al cual alude con mala conciencia. Yo celebro el individualismo actual, no me parece censurable. Creo que una de las claves está en la posibilidad de pensar que lo que veníamos llamando “egoísmo” es lo que se empieza a llamar “autoestima”. Y en ese sentido no me parece nada mal que una persona esté muy contenta con las decisiones que toma. No está dicho que esas decisiones vayan en contra del interés social, por el contrario, creo que es muy importante que una persona se dé mucho valor; de esa autoestima surge lo mejor para una sociedad.

-¿La vida no pierde sentido al pensar que no hay nada después?
-No, para nada. Cuando te das cuenta de que no hay nada después, tenés que hacerte cargo de un montón de cosas. Es duro, pero nadie dijo que la vida fuera fácil. La vida es tremenda. Es dura y sensacional. Dura, entre otras cosas, porque nos vamos a morir y no tenemos forma de evitarlo. Todo eso le agrega valor a este asunto que es vivir.

Por la liberación de los masones, presos políticos, en Cuba

A inicios de la primavera boreal, pero un par de años atrás, me sume a la denuncia sobre la situación de los presos políticos en Cuba, particularmente preocupado por 11 hermanos privados injustamente de su libertad.

En esta semana se conmemora el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003 realizada en Cuba. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.

Esta estadística vale para denunciar la captura y solicitar la liberación de estos presos políticos, incluidos nuestros hermanos, entre ellos, Héctor Masera, quienes en marzo de 2003 junto a otras 64 personas fueron encarcelados por el régimen absolutista de Fidel Castro. Los hermanos son dirigentes y miembros de la disidencia política y pacífica interna, directivos de organismos no gubernamentales y monitoreadores de los Derechos Humanos, líderes sindicales independientes y periodistas alternativos, conocidos como los “Prisioneros de la primavera”.

Injustamente acusados, por el dictador Castro, de servir a una potencia extranjera (EEUU), cometer actos contra la seguridad e integridad territorial y económica de Cuba cuando, en realidad, defienden nuestros derechos a la libertad de pensamiento, opinión y reunión.

Específicamente Héctor Masera fue condenado a veinte años de privación de libertad en un proceso judicial preñado de irregularidades de principio a fin, entre los cuales se puede citar: impedirle mantener una entrevista técnica con su defensor, previa al juicio y no presentarse verdaderas pruebas, sólo declaraciones por la representación fiscal que avaló las absurdas y festinadas acusaciones en su contra.

Aprovechando el nuevo gobierno cubano, los presidentes Zapatero y Bush se suman a la campaña y solicitan la liberación de los presos políticos, según informa hoy el diario español El País.

“Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos”, dice el mensaje enviado por Zapatero a Laura Pollán, la esposa de Héctor Maseda. La misiva está fechada el pasado 28 de enero, según ha asegurado una fuente de la Embajada española en La Habana.

Por su parte el presidente estadounidense ha asegurado en la carta dirigida a Maseda que “seguiremos apoyando al pueblo cubano para que exija al Gobierno que respete las libertades fundamentales”. Esta misiva también está fechada a finales de enero.

Laura Pollán ha dado a conocer estas cartas como parte de las protestas de las Damas de Blanco en el quinto aniversario de las detenciones de 75 disidentes en la oleada represiva de la primavera de 2003. Cinco años después 55 de aquellos detenidos permanecen en la cárcel, uno falleció y 19 han sido excarcelados por cuestiones de salud, cuatro de ellos viajaron en febrero pasado a España por esta causa.

Vestidas todas de blanco, en señal de que su actitud es pacífica, las familiares de los apresados marcharon el viernes pasado por el centro de La Habana hasta el Ministerio de Justicia y dejaron una carta dirigida al fiscal general, Juan Escalona, en la que piden la libertad de sus parientes.

Cartas íntegras

Desde España
Estimada Señora:
Le agradezco muy sinceramente su carta del pasado 20 de noviembre, así como el ejemplar del último libro que ha escrito su esposo, que ha tenido la cortesía de hacerme llegar. Muchas gracias también por la amable dedicatoria por la que su marido, el Sr. Hector Maseda Gutiérrez, ha querido obsequiarme su obra.
Puede tener la seguridad de que España seguirá haciendo todo lo que esté en su mano para lograr la liberación de todos los presos políticos y de conciencia, incluida de la su esposo.
Deseo también aprovechar la oportunidad para expresarle nuevamente mi admiración de la tenaz labor que realizan las Damas de Blanco, y expresarles el reconocimiento del Gobierno de España por el ejemplo de dignidad y coraje que todas Ustedes realizan.

Agradeciendo de nuevo su carta, reciba un cordial saludo

José Luis Rodríguez ZapateroPresidente del Gobierno de España

Desde Estados Unidos
Estimado señor Maseda Gutiérrez:

Gracias por su considerada nota y por el libro en el que documenta las crueles realidades a las que se enfrentan los presos políticos de Cuba. Admiro su valentía y su determinación para revelar al mundo estas realidades pese al gran riesgo que conlleva. Espero que su testimonio atraiga mayor atención sobre la indiferencia del régimen cubano hacia los derechos humanos básicos. Seguiremos apoyando al pueblo cubano en su petición al gobierno para que respete las libertades fundamentales. Su compromiso con una Cuba libre es una inspiración para todos nosotros. Mis pensamientos y mis oraciones están con usted, con su valiente y dedicada esposa Laura y con los demás miembros de su familia.

Sinceramente, George W. Bush

Desde la prisión
En 2004 Héctor Maseda nos envió esta nota cuyos extractos dice: …Afortunadamente pude recibir noticias de ustedes, mis queridos hermanos, por intermedio de un ángel, nuestro Venerable Hermano José Antonio. Ahora provecharé la ocasión en sentido inverso para hacerles llegar noticias mías. El portador será la misma persona. La foto que ustedes me enviaron, en la que aprecio a muchos Hermanos de vuestro Taller, visitadores de otras Logias y a José Antonio en el centro como honor especial ese delta delta que se encuentra junto a mí, encerrado en esta celda caribeña, permanentemente brindándome fuerza de voluntad, inteligencia, sabiduría y paciencia infinita…La carta completa se encuentra aquí.

La vigencia de la ilustración
La masonería está íntimamente ligada a la historia de Cuba. Se afirma que la independencia del colonialismo español en 1898 fue obra de masones. Cada símbolo nacional -himno, bandera y escudo- fueron concebidos por hijos de la Escuadra y el Compás. Masones fueron Carlos Manuel de Céspedes, considerado el Padre de la Patria; Ignacio Agramonte, Antonio Maceo,José Martí y la inmensa mayoría de los gestores de la república.

Al advenimiento del actual régimen, en 1959, la Masonería era una institución fraternal pujante, entidad inseparable de las clases vivas del país. Treinta y cuatro mil miembros aproximadamente, una universidad, tres asilos, varias escuelas, 340 logias y un majestuoso edificio, la Gran Logia de Cuba constituían su mayor patrimonio.

Aún en los albores del siglo XXI se sigue luchando por los valores de la Ilustración del siglo XVIII. En esta ocación por la libertad, a pesar de que su sentido sea tan antiguo como el hombre mismo

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El precio del velo

El velo, un simple pedazo de tela, se ha convertido en la manzana de la discordia en Europa, un continente amenazado por el envejecimiento de la población, que, para sobrevivir, les abre a regañadientes las puertas a millones de inmigrantes, entre ellos miles de mujeres musulmanas que, por tradición o imposición, se cubren.

Giuliana Sgrena, veterana feminista y corresponsal de guerra del diario de izquierda Il Manifesto, que viajó a varios países islámicos, no tiene dudas: “El velo es el primer paso para la reducción de los derechos de la mujer”.

Autora de El precio del velo. La guerra del islam contra las mujeres, recientemente editado en Italia, Sgrena saltó trágicamente a la fama tras ser secuestrada en Bagdad en febrero de 2005 por un grupo islámico que nunca la obligó a cubrirse porque no era fundamentalista, según contó a La Nación (Argentina) en una entrevista mantenida con Elisabetta Piqué, corresponsal en Italia.

Cuando fue liberada, en marzo del mismo año, gracias a los servicios secretos italianos, vivió otra pesadilla: el auto en el que se dirigía al aeropuerto de Bagdad junto con dos agentes italianos fue acribillado a tiros por soldados estadounidenses. En el ataque murió el agente Nicola Calipari.

Comprometida a dar a conocer lo que considera una realidad dramática, Sgrena está convencida de que el velo representa, y no sólo simbólicamente, “la opresión de la mujer en el mundo islámico”.

Afirma que detrás de su imposición no se esconde solamente el intento de las fuerzas más fundamentalistas de “reislamizar” la sociedad, sino, además, una verdadera guerra contra las mujeres, y en contra de su cuerpo, visto como el terreno de batalla sobre el cual afirmar principios y costumbres que poco tienen que ver con la tradición islámica, sino con un “nuevo” retorno al orden machista y reaccionario.

“Sólo una interpretación fundamentalista del islam dice que hay que llevar el velo. Tanto es así, que en los tiempos de Mahoma no se llevaba el velo”, afirma Sgrena, que condena duramente el “relativismo cultural” de la izquierda, e incluso de varias feministas de Occidente.

“Mientras la derecha considera a estos pueblos salvajes, por lo que es mejor mantenerlos alejados de nosotros, la izquierda, que también tiene una actitud distinta en cuanto a la inmigración, cae en la trampa de considerar el velo de las mujeres musulmanas «parte de su cultura, parte de su tradición», y no va al fondo del problema, que es que el velo no es el fruto de una elección libre de la mujer, sino una condena”.

En su libro, una investigación a fondo, llena de datos, Sgrena denuncia la violencia, las infamias, las muertes y la tremenda discriminación que sufren las mujeres. Además, se rebela ante lo que pasa en la misma Italia, y en otros países europeos, con las mujeres musulmanas.

Muchas de estas, que creen haber alcanzado finalmente la libertad al llegar al Viejo Continente, chocan con el hecho de que son “doblemente discriminadas”, como inmigrantes y como musulmanas. Y pasan a vivir un verdadero infierno, al terminar solas y olvidadas en virtuales guetos, donde la opresión de los hombres, que las encierran en sus casas y las obligan a veces a usar velo, o incluso burka (la tristemente célebre túnica afgana con una rejilla a la altura de los ojos), termina siendo aún mayor que la de sus países de origen.

Hace dos años la opinión pública italiana vivió con gran conmoción el caso de Hina, una joven paquistaní que vivía como una occidental, y que, por este motivo “de honor”, fue brutalmente asesinada por su propio padre. Pero Sgrena considera que en Italia “hay muchas Hinas”.

“Yo no lo sabía, pero es altísimo el número de mujeres que han sido asesinadas en Italia porque no respetaban las reglas impuestas por la familia o por la comunidad. ¿Cómo podemos aceptar que en nuestro país pasen cosas de este tipo?”, se pregunta.

“Reislamización”
Para Sgrena, estamos frente a un claro proceso de “reislamización”. “Antes, cuando iba a Argel, a Amman o a El Cairo veía poquísimas mujeres con velo, salvo en los barrios populares, donde usaban el tradicional. Pero si uno viaja ahora, no encuentra mujeres sin velo, porque hay un proceso de «reislamización», impulsado por los Hermanos Musulmanes, que establecieron que las mujeres deben llevar el velo. Si no, corren gravísimos riesgos”, afirma la periodista.

Pero en su libro pueden leerse otras cifras que hablan de una situación espantosa: 50.000 mujeres se suicidan al año en todo el mundo forzadas por sus familias para limpiar su honor, según datos de la ONU.

Hace cuatro años, cuando Francia prohibió el velo y otros símbolos religiosos en las escuelas, Sgrena era escéptica. Pero cuando viajó allí para hacer un reportaje y ver cómo se había implementado, quedó muy sorprendida. Según el Ministerio de Educación francés, sólo 47 estudiantes en todo el país habían abandonado las escuelas públicas, entre ellas algunas que decidieron matricularse en escuelas católicas y otras que optaron por seguir cursos por correspondencia.

Para Sgrena, en cambio, la reciente ley aprobada por Turquía, que permitió el uso del velo en las universidades, es un paso atrás. “Es cierto, el velo es un pedazo de tela, pero la verdad es que en todos los países siempre se empieza con el velo”, afirma. “Por eso, para mí, es el primer paso de Turquía hacia la «reislamización»”, dice.

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“El saber no necesita padres ni curas”

“Benedicto XVI no debe entrar en la Universidad de La Sapienza: es demasiado reaccionario, enemigo de la ciencia y de Galileo Galilei”, indica hoy una nota de La Nación Argentina.

La visita del Papa, pasado mañana, a la famosa Universidad de La Sapienza, el ateneo más antiguo de esta capital, ha desencadenado un revuelo de dimensiones gigantescas en Italia. Después de que más de 60 científicos manifestaron en una carta su rechazo a la visita del Papa, acusado de haber atacado a Galileo, un tenso debate entre laicos y católicos se ha abierto en la Península, donde ayer algunos intelectuales se preguntaban si no era en verdad un “acto de censura”, contrario a la libertad, pedir la anulación de la visita del Santo Padre a la universidad romana, reza la nota de la corresponsal Elisabetta Piqué.
En sintonía con el vade retro de los académicos a Benedicto XVI, que el jueves inaugurará el 705° año académico de La Sapienza, diversos grupos estudiantiles organizaron una “semana anticlerical” de protesta. Se trata de cuatro días de eventos, debates y shows que culminarán pasado mañana con un “asalto sonoro” a la universidad -a través de música dance y house a todo volumen- para molestar la visita de Joseph Ratzinger, un “huésped indeseado”.

Un “evento incongruente”
La “rebelión” antipapal comenzó en noviembre pasado, cuando Marcello Cini, profesor emérito de física de La Sapienza, escribió una carta al rector de esa universidad, Renato Guarini, en contra de la presencia de Benedicto XVI, una “increíble violación de la tradicional autonomía de las universidades”.
A esta misiva se fueron sumando otros 67 docentes, indignados porque el 15 de marzo de 1990 Joseph Ratzinger, siendo aún cardenal, en un discurso que pronunció en la ciudad de Parma hizo suya una afirmación del filósofo Paul Feyerabend que afirmó que “en la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que Galileo, y que el juicio que la Iglesia le hizo a Galileo fue razonable y justo”.
“Se trata de palabras que, en cuanto científicos fieles a la razón y en cuanto docentes que dedican su vida al avance y a la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan”, escribieron los científicos. “En nombre del laicismo de la ciencia y de la cultura, y en el respeto de nuestro ateneo, abierto a docentes y estudiantes de todos los credos e ideologías, auspiciamos que este evento incongruente pueda ser anulado”, agregaron.
Entre los firmantes de la carta se encuentran nombres de importantes científicos, como el físico Andrea Frova, autor de un libro sobre Galileo; Luciano Maiani, presidente del Consejo Nacional de Investigaciones, y los investigadores Carlo Bernardini, Giorgio Parisi y Carlo Cosmelli.

“Nosotros, que hemos dedicado toda nuestra vida a la ciencia, no tenemos ganas de escuchar en nuestra casa una voz que condena de nuevo a Galileo”, denunció Andrea Frova. “Las acusaciones anticientíficas realizadas por el Papa cuando era cardenal las reiteró en su última encíclica: él está convencido de que cuando la verdad científica entra en conflicto con la verdad revelada, la primera debe pararse. Algo así no puede ser aceptado en una comunidad científica”, afirmó Cosmelli.
Galileo Galilei (1564-1642) fue condenado por hereje por la Iglesia en 1632, luego de haber afirmado que la Tierra giraba alrededor del Sol, lo que rompía el dogma de la cosmología católica. En 1992, sin embargo, Juan Pablo II rehabilitó al famoso astrónomo.
Nunca antes, sin embargo, causó tanto revuelo la visita del Papa. La tensión, en efecto, era palpable en la universidad, donde colgaban de las paredes pancartas con leyendas que rezaban “No Pope”; “O con el Papa o con el saber, defendamos a Minerva [diosa del conocimiento] del oscurantismo”; o “El saber no necesita ni padres ni curas”.
En este clima, no sorprende que La Sapienza, que todavía no decidió si suspenderá las clases del jueves, haya puesto a punto fuertes dispositivos de seguridad, como prohibir el ingreso de autos en la ciudad universitaria, un ateneo que, gracias al Papa, estará bajo la lupa de todo el mundo.

La fuerza de la ilustración

El mundo entero admite hoy que la propagación de los principios masónicos durante el siglo XVIII preparó una profunda transformación en todo el mundo, constituyendo las bases sobre las cuales se liberaron los pueblos del mundo y se instala la democracia. Estos principios de fraternidad obrando en la construcción del bien humano, con el objeto de que cada uno de sus miembros se vuelva constructor del edificio social, dio lugar a un vasto movimiento cultural extendido por toda Europa con el nombre de Ilustración.

A lo largo de los siglos XVI y XVII, Europa se encontraba envuelta en guerras de religión. Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de Westfalia y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las nociones de fe y misticismo en las revelaciones individuales como la fuente principal de conocimiento y sabiduría. En lugar de esto, la Era de la Razón trató entonces de establecer una filosofía basada en axiomas, como base para el conocimiento y la estabilidad.

Este objetivo alcanzó su madurez con la ética de Baruch Spinoza , que exponía una visión panteística del Universo basada en la idea de que Dios y la Naturaleza eran uno, expresada magníficamente en su ensayo Ética demostrada según el orden geométrico (1677). Esta idea se convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Newton hasta Jefferson.

La Ilustración estaba influenciada en muchos sentidos por las ideas de Pascal, Leibniz, Galileo y otros filósofos del periodo anterior. El pensamiento europeo atravesaba por una ola de cambios, ejemplificados por la filosofía natural de Sir Isaac Newton, un genio matemático y físico brillante. Las ideas de Newton, que combinaba su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo posterior, tras la publicación de su Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

Estos precedentes de la Ilustración en Inglaterra, a fines del siglo XVII, fuerzan el movimiento iluminista que se considera francés. Desde Francia, donde madura, se extiende por toda Europa y América y renueva especialmente las ciencias, la filosofía y la política. Sus aportaciones han sido más discutidas en el terreno de las artes y la literatura.

Este movimiento constituyó el nuevo sistema filosófico masónico que propone ilustrar, con la luz de la humana razón, la realidad toda, combatiendo los errores y prejuicios que se atribuían en la Edad Media; sin embargo la idea dogmática de dios no ha muerto.

Diana Cohen Agrest, doctora en filosofía y autora de Inteligencia ética para la vida cotidiana, sostiene, en una nota publicada hoy en el diario La Nación, de Argentina que la expresión “Dios ha muerto”, en el siglo XXI, es una verdad a medias, pues, asegura, asistimos tanto al aparente ocaso de una constelación de valores que sostuvieron durante dos milenios a Occidente como al renacimiento de las religiones que el adagio nietzscheano condenaba al ostracismo.

Lo cierto es que más que una premonición, “Dios ha muerto” es una prueba irrefutable de los laberintos de la historia. Porque una vez que los ideales de la Ilustración invitaron a erradicar, en términos del célebre David Hume, “los males de la superstición”, las religiones –para unos, opio del pueblo; para otros, gracia divina– persisten más vigorosas que nunca.

Y es comprensible que así sea: en la medida en que el hombre se sabe vulnerable ante las fuerzas de la naturaleza y de los otros hombres, la apertura hacia la divinidad es un consuelo para los males presentes, un asilo místico donde la fragilidad de la experiencia humana encuentra un cobijo y donde la promesa de otra vida le otorga sentido a la actual.

Distantes de todo fundamentalismo, los ideales de la Ilustración continúan vigentes en la búsqueda de la libertad de conciencia y de expresión, en el derecho a la seguridad ante la arbitrariedad del poder, en la protección de la esfera privada y en la promoción de la libertad de asociación, cuyo fin es construir una ciudadanía según el modelo de la representación. El modelo de los derechos humanos condensa, a modo de desiderátum, el anhelo de las sociedades imperfectamente democráticas construidas sobre la base del disenso y de la denuncia. Y aun cuando no se hayan abolido la esclavitud o el hambre –porque hay mujeres, hombres y niños esclavos; porque hay mujeres, hombres y niños con hambre–, en esas sociedades se reconoce la índole nefasta de la práctica de la esclavitud y la inequidad de las hambrunas. Y hasta se lucha por su erradicación.

Al fin de cuentas, confrontados a lo que algunos llaman el desencanto del mundo, y a sabiendas de que la realización del proyecto ilustrado lleve más tiempo, le invito a instaurar sus principios, en un ejercicio perpetuo consagrado al respeto de la dignidad humana

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Sobre la celebración del año nuevo

Como es sabido, no todo el mundo celebrará el año nuevo este 1 de enero de 2008. Si bien esa fecha es de festejos y buenos deseos para los pueblos cuya fe es cristiana (América, casi toda Europa y algunos países del resto del planeta), culturas como la china, la hebrea o la musulmana tienen fechas diferentes para celebrar el inicio de un nuevo ciclo de 12 meses, e incluso viven en años diferentes.

Ordenando un poco el tema en función a las culturas, conviene comprender: ¿Cómo nació el 1 de enero como la fecha de Año Nuevo en occidente? Fue en Roma, alrededor del año 47 antes de nuestra era, cuando por primera vez se estableció el día 1 de enero como el inicio del año en el nuevo calendario modificado por Julio César (calendario juliano).

Antes de esta fecha, los romanos celebraban el año nuevo en el mes de marzo, siguiendo la tradición impuesta desde el reinado de Numa Pompilio, el segundo rey de Roma. Sin embargo, fue con calendario juliano cuando se estableció que los años tendrían 365 días y estarían ajustados por años bisiestos.

Las reformas posteriores realizadas por el papa Gregorio XIII respetaron la designación del 1 de enero como el primer día del año. Así, desde 1582, esta fecha quedó consagrada en el calendario gregoriano (que sustituyó al juliano) que hoy en día sigue usando la gran mayoría de los países cristianos (las últimas naciones en adoptarlo fueron Rumania y Rusia en 1918).

En el caso de las otras culturas del mundo, el año nuevo chino comienza entre enero y febrero con la primera luna nueva de Acuario; el Rosh Hashaná (cabeza de año) judío empieza en el mes de Tishri del calendario hebreo, que equivale a septiembre u octubre del gregoriano. El año nuevo musulmán empieza en el mes de Muharram que, como obedece a un calendario lunar, puede caer en cualquier mes gregoriano.

Respecto a los años de cada era cultural, éstos también son dispares: Los chinos viven en el año 4705 del cerdo y el próximo 6 de febrero recibirán el nuevo año de la rata. Los hebreos transitan el año 5768, que establecieron a partir de la supuesta fecha del nacimiento de Adán y de la creación del mundo. La era musulmana comienza con la huida (hégira) de su profeta Mahoma, de La Meca a la ciudad de Medina, el 16 de julio del año 622 de la era cristiana.

Para saber en qué año de la era musulmana se está, hay que restar 622 al año gregoriano (2007). Siguiendo esa operación, el año actual para el mundo musulmán es 1385 (aunque hay fuentes que argumentan que están en el año 1428). En culturas como la china, hebrea o musulmana, el año nuevo está vinculado con el ritmo de la luna (el calendario gregoriano es solar), y por ello la fecha para celebrarlo depende de las transformaciones asociadas a la cara siempre cambiante de este astro. Los chinos festejan el año nuevo en la segunda luna nueva posterior al solsticio de verano (hemisferio sur), entre los meses de enero y febrero. Los judíos, por su parte, lo hacen en los primeros días del mes de Tishri (entre septiembre y octubre del calendario gregoriano) que coinciden con la primera luna nueva de otoño.

En China cada año está representado por un animal. La leyenda dice que Buda, antes de partir de la Tierra, convocó a todos los animales pero sólo se presentaron los siguientes doce: rata, vaca, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, carnero, mono, gallo, perro y cerdo. Buda los recompensó usando sus nombres para denominar a los años según el orden en que fueron llegando. Los chinos creen que el animal que gobierna el año en el que una persona nace tiene una profunda influencia sobre su personalidad.

Los musulmanes dividen el año en 12 meses, que tienen 29 o 30 días alternativamente. Los meses se organizan en años de 354 días, si bien existen años bisiestos de 355. El calendario musulmán se inicia el 16 de julio del año 622 de nuestra era, cuando Mahoma se trasladó forzosamente a Medina huyendo de sus enemigos. Este día se considera el primero de la hégira; es decir, de la huida, y de esta fecha parte la cuenta de los años.

En el caso de los babilonios y muchos otros pueblos agricultores, relacionaban el comienzo de un nuevo año con el equinoccio de primavera; es decir, con los movimientos de la Tierra alrededor del Sol que señalaban la sucesión de las distintas estaciones y los momentos propicios para la siembra y la cosecha. De ese modo, las tradiciones de cada pueblo influenciaron para determinar el modo en que contarían las jornadas de su historia, que ya suma miles de años.

Astronómicamente, el año comienza el 21 marzo con el equinoccio de Primavera (hemisferio norte), estación en la que la vida renace y los frutos se multiplican; o si se prefiere, en lenguaje astrológico, cuando el Sol alcanza el cero grado del signo de Aries, primero del zodíaco. Nosotros los masones, festejamos el año nuevo en esta época.

¿Por qué entonces festejarlo el 1 de enero? Como Jesús era judío y esta tradición impone la circuncisión al octavo día de nacer, el año nuevo que se celebra en esta fecha recuerda el supuesto día de la circuncisión del Mesías, hecho nacer simbólicamente en 25 de diciembre, para borrar los mitos paganos de reverencia al Sol Invicto y al dios Mitra.

Al problema del día de comienzo del año se agrega el de tratar de dilucidar qué año es el que se festejará este 1 de enero. ¿El 2008?

Ocurre que esta edad de la era cristiana es tan poco fidedigna como la del año 5768 que los judíos calculan desde Adán, el primer hombre, puesto que, según ciertas investigaciones, Jesús nació siete años antes de su propia era y hace 500.000 años que el homo sapiens habita el mundo.

Sucedió que en el año 525 el monje Dionisio el Exiguo, que se impuso tratar de fijar el comienzo de la era cristiana, se enredó con los Evangelios y contra lo que estos dicen, calculó que Jesús había nacido cuatro años después de morir Herodes. Pero a todo esto, Herodes fue quien produjo la matanza de inocentes buscando degollar a Jesús. ¿Desde cuándo los muertos pueden degollar a los vivos?

Dionisio también olvidó que los romanos no conocían el cero, y por no contemplarlo produjo un salto olímpico entre dos eras: pasó del año 1 ANE al 1 DNE. Entre una cosa y otra, su error fue de entre 5 y 7 años.

Luego, el astrónomo Juan Kepler estableció que la aparición de la estrella de Belén, que anunció la llegada del mesías, sucedió en el año 7 ANE; y recientemente, varios científicos precisaron que ocurrió entre el 14 y el 15 de septiembre de ese año.

¿Será el año chino el verdadero? ¿Acaso el maya? ¿Quizás el egipcio, el caldeo, el celta, el persa? ¿El de los pueblos originarios? ¿El del Big Bang? ¿El de astrónomos y astrólogos? Sin importar las culturas y los periodos de festejo de un año nuevo, aprovecho la ocasión para desearles lo mejor.

La navidad, el auge del consumo

Cada diciembre los centros comerciales aparecen colmados de gente apresurada que carga bolsas de todos los colores. Lista en mano, nada puede quedar fuera de las previsiones de Navidad. Las reuniones de familias y amigos aumentan el estrés en una celebración que, paradójicamente, invita a la serenidad y a la reflexión. Todo empieza con la decoración navideña en comercios, calles y plazas. Y junto con las luces de fin de año, llega el tiempo de rendir culto al consumo.

Me encuentro leyendo Vida de consumo, de Zygmunt Barman, donde analiza el impacto del modelo consumista de interacción sobre varios aspectos donde los individuos son, simultáneamente, los promotores del producto y el producto que promueven, reciclándose en bienes de consumo para lograr reconocimiento social.

El diario La Nación, de Argentina, consultó a varios intelectuales sobre el sentido de la Navidad. Con prístina claridad, el filósofo y poeta Santiago Kovadloff explicó: “Espiritualidad y consumo entran en conflicto cuando se vuelven excluyentes o aspiran a sustituirse, pretendiendo que los atributos propios reemplacen o ahoguen los ajenos. Hay una espiritualidad que es expresión del consumo exacerbado y hay un consumo que pretende pasar por espiritual, al investir a los objetos de un sentido afectivo y moral que no tienen”. El filósofo sumó, como expresiones de un consumo exacerbado, “el apego intolerante a ciertas creencias de moda en torno de la alimentación, la belleza exterior, la apología de la vida social o la sacralización de la vida deportiva”.

Para el filósofo Enrique Valiente Noailles, “estamos en lo que Lipovetsky denominó la era del vacío. El consumo es el epicentro de toda actividad de la humanidad contemporánea. Una fiesta de origen espiritual, en un contexto de este tipo, sólo acentúa la percepción de lo que falta. Por tanto, hace más frenética la búsqueda de un sustituto. El consumo es la herramienta que hemos diseñado para intentar escapar a la fosa común de la ausencia de un sentido”.

La navidad, originalmente fiesta cósmica, tenía otro sentido al consumista de hoy, era un tiempo de celebración de la nueva vida, del nuevo nacimiento y la oportunidad para empezar todo de vuelta y mejor. Para los pocos que quedamos con esta idea de la navidad, feliz solsticio.

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El origen de la navidad

Hace tantos siglos que la humanidad festeja la navidad que ha olvidado su primitivo origen. Hoy en Occidente se conmemora el advenimiento de Jesús, pero no siempre fue así.
Con el inicio de la expansión de la Iglesia católica por todo el continente europeo hacia finales del siglo IV, los papas no siempre pudieron imponer su fe por la fuerza y a menudo tuvieron que obrar con astucia fingiendo tolerar determinados ritos paganos, aunque en realidad los minaban y transformaban progresivamente al entremezclarlos con elementos cristianos añadidos.
Una muestra de ello nos la dejó el papa Gregorio I El Grande (590-604) que, aunque siempre ordenó que los paganos fuesen sometidos a castigos y prisión si no se convertían, tuvo que ser más cauteloso durante su conquista evangélica de las almas anglosajonas, aconsejándole al abad Mellitus, jefe de los propagadores del cristianismo en Gran Bretaña, lo que sigue:
“No hay que destruir los templos paganos de ese pueblo, sino únicamente los ídolos que hay en los mismos; después de asperjar esos templos con agua bendita, erigir altares y depositar reliquias; porque si tales templos están bien construidos, perfectamente pueden transformarse de una morada de los demonios en casas del Dios verdadero, de manera que si el mismo pueblo no ve destruido sus templos, deponga de su corazón el error, reconozca el verdadero Dios y ore y acuda a los lugares habituales según su vieja costumbre…”.
Durante la Navidad se produce un fenómeno muy particular en nuestro sistema solar. Desde el 21 de diciembre, en el hemisferio norte, el sol alcanza su nadir en el punto más bajo y desde ese momento el día comienza a alargarse, progresivamente, en detrimento de sus noches. A este fenómeno se lo llama solsticio de invierno “sol inmóvil” ya que en esos momentos el sol cambia muy poco su declinación de un día a otro y parece permanecer en un lugar fijo del ecuador celeste. Precisamente, el solsticio de invierno produce un acontecimiento cósmico que vivifica la naturaleza con su luz y su calor, razón por la cual, para todas las culturas antiguas, representaba el auténtico nacimiento del sol y con él, toda la naturaleza comenzaba a despertar lentamente de su letargo, y los humanos veían renovadas sus esperanzas de supervivencia, gracias a la fertilidad de la tierra, garantizada por la presencia del astro solar, el dios más arcaico que la humanidad ha venerado.
En los pueblos germánicos y galos, éstas ceremonias solsticiales de adoración al sol y a las fuerzas ocultas de la naturaleza prosiguieron hasta bien entrada la Edad Media. En sus formas originales y puras estuvieron vigentes hasta la primera mitad del siglo X, tomando expresiones externas más o menos matizadas o mediatizadas por el cristianismo, han podido sobrevivir hasta nuestros días, contagiando de paganismo la celebración de la navidad actual, hasta el punto de que los mitos solares ancestrales siguen siendo los verdaderos protagonistas de los festejos navideños que se celebran en el mundo de hoy.
Desde hace miles de años, y para las culturas y sociedades más diversas, la época de navidad ha representado el advenimiento del acontecimiento cósmico por excelencia. El hecho más fundamental de cuantos podían garantizar la supervivencia del hombre pagano, el renacimiento anual de la principal divinidad salvadora, el Sol.
No es ninguna casualidad que el natalicio de los principales dioses solares jóvenes de las culturas agrarias precristianas (Osiris, Horus, Apolo, Adonis, Attis, Mitra, Dionisos, Baco) fuese situado durante el solsticio de invierno. Y es menos casual aún que el natalicio de Jesús, el salvador cristiano, se haya decretado un 25 de diciembre, fecha en la que desde los inicios de la humanidad y hasta finales del siglo IV de nuestra era, se conmemoró el nacimiento del Sol Invictus.
La religión cristiana prosperó absorbiendo detalles de los cultos paganos, como la imagen del niño-dios en el culto de Dionisio, lo representaban en pañales, puesto en un pesebre; el nacimiento en un establo, como Horus en el templo-establo de la diosa virgen Isis, reina de los cielos; nuevamente como Dionisio, cuando convierte el agua en vino; como Esculapio, resucita a los muertos y devuelve la vista a los ciegos; como Attis y Adonis, es llorado y celebrado por mujeres; su resurrección, como la de Mitra, se produce a partir de una sepultura excavada en la piedra. En lo fundamental, por tanto, el cristianismo no es más que un paganismo reformado.
Los dioses solares. Con el desarrollo de las culturas urbanas, los rituales solsticiales agrarios no desaparecieron sino que se adaptaron a las nuevas circunstancias y necesidades, por eso las fiestas paganas más importantes rebasaron el ámbito campesino y se convirtieron en ciudadanas, de forma que la fecundidad que en origen solicitaban para el campo y el ganado, pasó a comprenderse como prosperidad y riqueza para la ciudad. Estas festividades se concentran sobre todo en invierno, pues la actividad humana sufría en estos meses una bajada en su ritmo, ya que la guerra se detenía, nadie se atrevía a navegar y las faenas agrícolas eran entonces menos intensas.
El invierno es en consecuencia un periodo muy propicio para que las relaciones que se entablan con el mundo sobrenatural sean más estrechas, más íntimas. Entre las fiestas de los antiguos griegos y romanos que fueron precedentes de la Navidad cristiana debe destacarse, por su importancia social y trascendencia mítica y simbólica, las dedicadas a Dionisos y Saturno. Si nos remontamos mucho más atrás en la historia de la humanidad, hasta la época en la que los hombres comenzaron a desarrollar el concepto divino, observaremos que todas las culturas de la Antigüedad pasaron a identificar a su dios principal, o a alguno de los más importantes de su panteón, con el dios Sol y, en lógica consecuencia, situaron la conmemoración y festejo de su advenimiento alrededor del prodigioso evento cósmico que representaba el solsticio de invierno cada 20 a 24 de diciembre.
Caldeos, egipcios, cananeos, persas, sirios, fenicios, griegos, romanos, hindúes y la práctica totalidad de los pueblos con culturas desarrolladas, entre los cabe incluir los imperios, han celebrado durante el solsticio invernal el parto de la Reina de los Cielos y la llegada al mundo de su hijo, el joven dios solar. En los mitos solares ocupa un lugar central la presencia de un dios joven que cada año muere y resucita, encarnando en sí los ciclos de la vida en la naturaleza. En las culturas de mitología astral, el sol representaba el padre, la autoridad y también el principio generador masculino. Durante la antigüedad, en todo el mundo civilizado, el sol fue el emblema de todos los grandes dioses, y los monarcas de todos los imperios se hicieron adorar como hijos del Sol.
En el Egipto Antiguo se creía que Isis, la virgen Reina de los Cielos, quedaba embarazada en el mes de marzo y daba a luz a su hijo Horus a finales de diciembre. El dios Horus, hijo de Osiris e Isis, era el “gran subyugador del mundo”, concebido milagrosamente por Isis cuando el dios Osiris, su esposo, ya había sido muerto y despedazado por su hermano Seth o Tifón.
Mitra, uno de los principales dioses de la religión irania anterior a Zaratustra, pervivió con fuerza en el Imperio romano hasta el siglo IV d. C., era una divinidad de tipo solar, tal como lo atestigua, entre otros, su cabeza de león que hizo salir del cielo a Ahrimán (el mal). Tenía una función de deidad que cargaba con los pecados y expiaba las iniquidades de la humanidad, era el principio mediador colocado entre el bien (Ormuzd) y el mal (Ahrimán), el dispensador de luz y bienes, mantenedor de la armonía en el mundo y guardián y protector de todas las criaturas, y era una especie de mesías que, según sus seguidores, debía volver al mundo como juez de los hombres. Sin ser propiamente el Sol, representaba a éste y era invocado como tal.
Como verificamos, muchos siglos antes que Jesús, estos dioses solares ya habían nacido de una virgen un 25 de diciembre, en una cueva o gruta, siendo adorado por pastores y magos, obrando milagros, perseguidos, ejecutados y resucitados al tercer día. Todos ellos habían nacido, según el mito, durante el solsticio de invierno, el nacimiento del sol, fecha en la iglesia llamada Católica sitúa el advenimiento de Jesús, pero nadie en la antigüedad pretendió en serio que los dioses citados fuesen personajes históricos.
El avance cristiano. En el siglo II de nuestra era, los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección y su misterio, pues consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuando pudo haber acontecido.
Durante el siglo siguiente, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan distintas como el 6 y 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, el 20 de mayo y algunas otras. Pero el papa Fabian (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno.
A pesar de la disparidad de fechas apuntadas, todos coincidieron en pensar que el solsticio de invierno era la fecha menos probable si se atendía a lo dicho por Lucas en su evangelio: “Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso, y de noche se turnaban velando sobre el rebaño. Se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvía con su luz…” (Lc 2,8-14). Dejando al margen la vía para calcular tan preciado día, lo cierto es que la fecha del 6 u 8 de enero (la primera que la cristiandad celebró) tenía mucho sentido ya que, en la Alejandría egipcia (cuna de aspectos fundamentales de la doctrina cristiana), se festejaba con toda pompa el festival de Core “la Doncella”, identificada con la diosa Isis y el nacimiento de su nuevo Aion, que era una personificación sincrética de Osiris.
Entrado ya el siglo IV, cuando ya se había concluido lo substancial del proceso de trasvase de mitos desde los dioses solares jóvenes precristianos hacia la figura de Jesús, se decidió fijar una fecha concreta y acorde a su nueva concepción mítica. Dado que a Jesús se le había adjudicado toda la carga legendaria que caracterizaba a su máximo competidor de esos días, el dios Mitra, lo lógico fue hacerle nacer el mismo día en que se celebraba el advenimiento de ese joven dios.
A más abundamiento, cabe recordar que la figura de Jesús no fue oficialmente declarada como consubstancial con Dios hasta el año 325, cuando el emperador Constantino convocó el concilio de Nicea y ordenó a todos los obispos asistentes que acatasen el entonces muy discutido y discutible dogma de que el Padre y el Hijo compartían la misma sustancia divina.
De esta forma, entre los años 354 y 360, durante el pontificado de Liberio (352-366), se tomó por fecha inmutable la de la noche del 24 al 25 de diciembre, día en que los romanos celebraban el Natalis Solis Invicti, el nacimiento del Sol Invencible, un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer o proscribir hasta entonces y, claro está, la misma fecha en la que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno.
En cualquier caso, San Agustín (354-430) sí debía tener muy claro el verdadero origen de la Navidad católica, sobrepuesta al Natalis Solis Invicti, cuando exhortó a los creyentes a que ese día no lo dedicasen “al Sol, sino al Creador del Sol”. A pesar de haberse fijado ya como inmutable la fecha del 25 de diciembre, las especulaciones en torno al natalicio de Jesús prosiguieron durante muchos siglos después.
El papa Juan I (523-526), decidido a averiguar la verdad, le encargó una investigación al monje Dionysius Exiguus (Dionisio el Pequeño) que, tras un curioso proceso de razonamiento concluyó que el año de la encarnación había sido el 754 de la fundación de Roma, y que la encarnación misma había tenido lugar el 25 de marzo y el nacimiento el 25 de diciembre, eso es después de una gestación matemáticamente exacta de nueve meses.
Más prudente fue el gran sabio y teólogo Bynaeus (1654-1698), después de analizar todo lo escrito al respecto, concluyó que “puesto que la Escritura calla sobre esto, callemos también nosotros”. La fecha del 25 de diciembre, fijada a finales del siglo IV, ya es inamovible para el orbe católico, aunque no fuese aceptada por las Iglesias cristianas orientales que siguen celebrando el natalicio de Jesús un 6 de enero.
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Respuesta a Benedicto XVI ante su crítica al humanismo

El Vaticano presentó esta semana la segunda encíclica de Benedicto XVI, Spe salvi, en la que el Papa ofrece un horizonte de esperanza a la humanidad, tras una época marcada por las ideologías, el relativismo y el materialismo. En la encíclica Benedicto XVI critica con dureza al ateísmo moderno y dice que ha llevado a “las formas más grandes de crueldad y de violaciones de la justicia” que se hayan conocido hasta ahora en la humanidad”.

Particularmente me ofende este tipo de comentarios y más cuando vienen de autoridades eclesiásticas que deben guardan tolerancia ante las creencias de los seres humanos que no forman parte de su feligresía. Esta actitud de absolutismo demuestra una vez más la, medieval y oscurantista, actitud de la Iglesia de Roma al pretender imponer para todo el mundo sus pseudo perspectivas al mundo.

Es fácil comprender cómo para Benedicto XVI los otros son el problema, sean ateos, materialistas, relativistas, agnósticos, o simplemente diferentes. El intento cristiano de eliminación del Otro, nosotros, se inició cuando asumieron el poder absoluto en la Roma imperial, y así lo vieron haciendo hasta perder su poder condenatorio y convertirse en mera declamación.

El Otro, los Otros, son calificativos que se pueden entender de muchas maneras y usar en los más diversos sentidos y contextos. Por lo que a mí respecta, lo uso para diferenciar al librepensador del dogmático. Para el dogmático el Otro constituye una amenaza, simplemente por ser diferente; para lo cual, construye una muralla para separarlo o intenta conquistarlo con el fin de someterlo a sus ideas. Si fracasa en estas empresas, busca eliminarlo.

Por nuestra parte, los librepensadores, anhelamos conocer al Otro porque comprendemos que le necesitamos para conocernos a nosotros mismos. Solo así podemos compararnos, medirnos, competir y desarrollarnos. De allí que la Masonería se transformó en el centro de unión de la humanidad, porques es contraria a aislarse del Otro. En su seno vive la diferencia, con un marco de respeto y es precisamente esta tolerancia a lo diferente es lo que la hace universal, a pesar de que algunas corrientes masónicas no comprendan este sentido.

Desde el Vaticano no tienen vergüenza en pontificar contra el otro como culpable de “las formas más grandes de crueldad y de violaciones de la justicia” que se hayan conocido hasta ahora en la humanidad”. Se olvidan de todo el daño que la Iglesia de Roma ocasionó a la humanidad para lograr posicionarse como dueña absoluta de la verdad. Con el correr de los años esta Iglesia afianzó su poder mandando a la hoguera a quienes disentían de sus opiniones o se oponían a su dominio acusándolos de herejía, en tanto el Papa de turno juntaba bajo su triple tiara el poder temporal y espiritual y se declaraba Pontífice Máximo y Vicario de Cristo en la Tierra.

Salvados por la esperanza es una exploración profundamente teológica de la esperanza cristiana en la vida eterna: que en el sufrimiento y en la aflicción de la vida diaria, la cristiandad ofrece a los feligreses un “camino de esperanza” hacia el reino de Dios.

En el documento de 76 páginas, Benedicto explica cómo el entendimiento cristiano de la esperanza cambió en los tiempos modernos, cuando el hombre buscó aliviar el sufrimiento y la injusticia que lo rodeaban. Benedicto señaló dos hechos históricos: la Revolución Francesa y la revolución del proletariado alentada por Karl Marx.

Respetuoso de esta idea sobre la trascendencia, sostengo que no podemos renunciar a esta vida en la tierra ante una promesa de felicidad futura e incierta. El determinismo dogmático de “sufrimiento y aflicción” que sostiene el Papa ata al ser humano y lo imposibilita a realizar su principal meta aquí en la tierra: La búsqueda de su propia felicidad. El ser humano es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros, y la búsqueda del propio interés racional y de su felicidad es el más alto propósito en la vida.

Me uno a Nietzsche y a los estoicos desde el punto de vista del valor de la esperanza. Ellos consideraban que la esperanza es más una desgracia que una virtud benéfica. Esto es lo que André Comte-Sponville ha resumido de una forma tan sintética como expresiva, y que Luc Ferry lo expone en su obra Aprender a vivir: “Esperar, dice, es desear sin gozar, sin saber y sin poder”. Es por tanto una gran desgracia y para nada una actitud que contribuya a acrecentar el placer de vivir.

En efecto, desde los tiempos de los griegos, la doctrina de salvación materialista retoma con gusto la idea del famoso carpe diem, el “aprovecha el presente” de los antiguos, es decir, la convicción de que la única vida que merece la pena vivir es la que tenemos aquí y ahora, la que surge de la reconciliación con el presente. Tanto unos como otros consideran que los dos males que nos amarga la existencia son la nostalgia de un pasado que ya no es y la esperanza de un futuro que aún no es. Así, en nombre de estas dos nadas, perdemos de forma absurda la vida tal como es, la única realidad que vale, porque es la únicamente real.

Benedicto XVI afirmó durante la celebración del Angelus, el domingo pasado, que “la ciencia moderna confinó la fe a la esfera individual, por lo que el mundo y el hombre necesitan “dramáticamente” a Dios”. Me parece correcto este lugar para las religiones, el fuero interior de cada uno, pues al final sabemos por experiencia que el entendimiento entre religiones solo produjo guerras y exterminios durante toda la historia de la humanidad. Solo la ciencia, y por medio de la razón, la humanidad puede vivir en paz y no necesita a ese dios para vivir la humanidad.

La necesidad de dios nació ante la angustia que produce en el hombre la soledad de la muerte y la incertidumbre de los seres queridos que pierden al familiar. Apreder a vivir, a dejar de temer los diversos rostros de la muerta o, simplemente, aprender a superar la banalidad de la vida cotidiana, las preocupaciones y el tiempo que pasa, fue el primer objetivo de las escuelas de la antigüedad griega. Vale la pena escuchar su mensaje, porque las filosofías del pasado nos siguen hablando.

¿Quién es el Gran Arquitecto del Universo?

La idea de Dios como un geometra está determina en todas las culturas. En el arte religioso cristiano de la Edad Media se representa con frecuencia la figura del Dios-Creador como geómetra, con un compás en la mano derecha con el que traza o mide el mundo.

Esta expresión era conocida ya en el antiguo Oriente Próximo y se encuentra también, con una forma algo modificada, en una carta de Clemente de Roma a los corintios: “Que el artesano del universo”, escribe, “mantenga en la tierra el número contado de sus elegidos. El nos llevó de las tinieblas a la Luz, de la ignorancia al Conocimiento”. En un himno que data de comienzos del siglo V, la iglesia de Epifanio de Salamina es calificada de “paraíso del Gran Arquitecto”.

Por dos veces por lo menos, el cristianismo presenta a Dios como el constructor por excelencia. Recordemos la visión del profeta Amos: “he aquí que el Señor estaba de pie en un muro, hecho con el nivel y, en su mano, había un nivel. Y el Eterno me dijo: ¿qué estás viendo Amos? Y yo le dije: veo un nivel. Y el Señor dijo: Pondré el nivel en medio de mi pueblo de Israel; no seguiré perdonándolo”.

La historia de Job nos proporciona un segundo pasaje bíblico donde el Dios cristiano afirma que construyó el universo con sus manos; habla con Job y, en una serie de preguntas teñidas de ironía, le muestra la distancia que existe entre Dios y el hombre.

En otra cultura religiosa monoteísta, el arte musulmán español lleva a un punto culminante el arte geométrico. El Corán prohíbe cualquier representación icónica de Alá e identifica la divinidad con “el uno”. Si se observa cualquier diseño geométrico, principalmente en los mosaicos, vemos que la combinación de las simetrías y la composición de movimientos, produce el efecto visual de que ningún motivo es singular ni más importante que los demás. Si Dios no puede ser representado como persona, sí a través de la abstracción geométrica se puede traducir la armonía de la experiencia mística. Desde ese punto de vista, Dios no aparece como geómetra, sino más bien como Geometría pura.

El poeta y dibujante británico William Blake (1757-1827), que también representó a Newton desnudo, pertrechado sólo con un compás frente a la Geometría, dibujó El anciano de los días para acompañar su poema Europa, una profecía (1794). Recupera la imagen del Dios con el compás, o también del Gran Arquitecto, siguiendo la terminología de la Masonería, muy en auge en su época.

El Gran Arquitecto del Universo, expresado habitualmente con el acrónimo GADU, es un símbolo tradicional en la masonería, cuyo contenido, interpretación y relevancia varían según la corriente masónica de que se trate.

Para determinadas corrientes, el GADU representa al Ser Supremo cuya creencia e invocación en la práctica del rito son imprescindibles. Para otras corrientes de la masonería, establecer la condición de la creencia en un Ser Supremo supondría limitar la libertad de conciencia de sus miembros, por lo que no les exigen profesar ningún tipo de creencia.

Los masones, como individuos, somos en todo caso libres de darle el contenido que mejor se ajuste a nuestras creencias. Como todos los símbolos, proporciona un marco, pero su interpretación concreta corresponde a cada cual.

Muchos hermanos consideran el símbolo GADU como Principio Creador, dinámico por excelencia, organizador del Universo, la ley que rige la materia, donde los hombres no pueden percibir nada más que las manifestaciones sensibles; en este caso, el Universo visible, donde él es el Principio conductor y conservador, es la Divinidad en estado de manifestación.Otros lo entienden como el organizador, el ordenador, el geómetra, la fuerza ordenatriz que lucha contra el caos y lo sustituye por la armonía, es decir, como un principio generador de orden.El símbolo del GADU no está unido a ninguna creencia, expresa, por consiguiente, la fe del masón en la total libertad de conciencia. Se sitúa de una forma natural en el cuadro de la iniciación sobre un plano ideal trascendiendo al caos, exaltando los valores espirituales más altos, dando el gusto por lo sagrado y conduciendo el viaje hacia lo invisible

Hay por último masones que, prescindiendo de cualquier enfoque trascendente, identifican al GADU con la sublimación del ideal masónico o que lo interpretan desde una perspectiva panteísta o naturalista.

Para la masonería teísta y deísta, el GADU representa al Ser Supremo, un principio masónico que en esta corriente se considera esencial, por lo que la creencia en él y su invocación en la práctica del rito es imprescindible. En efecto, para algunos, el GADU, y más concretamente su interpretación del mismo, sería la esencia misma que daría sentido (y regularidad) al trabajo y la existencia de la masonería.

Para la masonería liberal o adogmática, exigir el principio de creencia en un Ser Supremo supone establecer un límite a libertad de conciencia de sus miembros que se contradice con los principios masónicos, por lo que ni la creencia en el GADU ni su invocación debe establecerse como norma.

El marco de interpretación empieza a estrecharse desde el momento en que dicha figura, más que un símbolo de explicación, comienza a tornarse en una figura de adoración: “adora al Gran Arquitecto del Universo” o glorificación “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo”. Muchos francmasones consideran que el GADU es a igual a Dios, el creador que determina a su voluntad los planos de la existencia.

Desde posiciones teístas, comienza a atribuirse a este Gran Arquitecto, potencias propias del dios de las religiones monoteístas, así se expresa en algunos ritos “si es así que el Gran Arquitecto te lo premie y si no que te lo demande”, cuya verdad nos ha sido revelada mediante el Libro de la Ley “Sagrada”. Bajo esta concepción, el GADU no es otra cosa que Dios mismo, el verdadero y único Dios que habló a Noe, cualquiera que sea el nombre que le dan las distintas confesiones, Jesús, Jehová o Alá. Se trata aquí de una tolerancia ecuménica, pero siempre dentro del marco del teísmo.

La frase “Dios utiliza siempre procedimientos geométricos”, se atribuye a Platón. Los griegos pensaban que este conocimiento seguro lo proporcionaban las matemáticas, porque según ellos, las relaciones matemáticas jamás cambiaban. Incluso para poder aprender de filosofía había que saber antes matemáticas, esto se deduce del cartel fijado en la entrada del centro intelectual de esa época, la prestigiosa Academia de Platón, el cual decía “Nadie ingrese aquí si ignora la geometría”.

Es precisamente a partir de esta rama de la matemática, cuando Euclides formula los principios de su geometría en el libro Los Elementos, que se comienza a pensar que se había encontrado la verdad absoluta de la creación, las leyes que Dios había inventado para que gobernaran la naturaleza. Transformándose este descubrimiento en una de las piedras angulares del pensamiento humano desde los primeros griegos hasta el siglo XIX.

La geometría original de Euclides tuvo sutiles influencias sobre otras áreas del pensamiento humano. Sirvió de base a toda la composición arquitectónica y artística, a toda la navegación y la astronomía. En el campo de la ciencia subyace en los pilares de la obra de Newton sobre el movimiento y la gravitación. Sus famosos Principia, que aparecieron hace trescientos años, se presentan a un observador cualquiera como un gran tratado de geometría, ya que Newton era un maestro en la aplicación de la geometría a la descripción de la naturaleza. Tal maestría era el sello de un matemático del siglo XVII y XVIII. Había modelos newtonianos de gobierno y de comportamiento humano que apelaban a la certeza de sus matemáticas. Había argumentos de la existencia de Dios basados en la certeza matemática de las leyes geométricas de la naturaleza que Newton había revelado. La geometría proporcionaba a sus estudiosos un sistema de pensamiento que era absolutamente cierto porque empleaba razonamientos lógicos perfectos a partir de premisas que eran enunciados acerca de cómo se veía el mundo.

Puede discernirse el estatus especial que tenía esta geometría a través del tratamiento que le dio Kant en su sistema filosófico durante el siglo XVIII. Su sistema de pensamiento estaba unido a la inevitabilidad de la geometría euclideana. Él la daba como un ejemplo de un conocimiento sintético a priori, es decir, algo que es necesariamente verdadero. Para Kant, esta necesidad emanaba de la naturaleza de los modos humanos de pensamiento. La forma en que estaba construido el cerebro humano aseguraba que debemos encontrar que las verdades de la geometría se cumplen.

El descubrimiento de que la geometría euclideanea no era una verdad única inevitable y absoluta sobre el mundo llegó como una conmoción. Su impacto fue irreversible y de largo alcance. Socavó las ideas absolutas sobre el conocimiento humano en un vasto espectro del pensamiento humano. Aunque los matemáticos se resistieron durante mucho tiempo a su muerte, quienes trataban de derrocar las certezas euclideanas tradicionales se apegaron a ello como una señal de que el relativismo era una regla.

Pero la ciencia ha descubierto que esa regularidad de la naturaleza, manifiesta en la simetría, no es estática. Las causas simétricas pueden producir efectos asimétricos, y esta “ruptura de la simetría” nos permite entender mejor muchas cosas: desde el remolino en espiral de las galaxias o las vibraciones de las estrellas, hasta los ordenamientos de los átomos en un cristal o la forma de los virus, pasando por fenómenos de nuestro entorno cotidiano como las rayas del tigre o las gotas de rocío en una tela de araña. Esta es la idea central que platea el libro Es Dios un geometra, de Ian Stewart y Martin Golubitsky.

Los autores consiguen hacer fácilmente comprensibles temas que figuran entre los más complejos de la ciencia actual, el gen de Dios, utilizando las ilustraciones para explicarlos sin recurrir a las matemáticas. Con esto no se nos ofrece sólo un libro científico “de entretenimiento”, que acumula curiosidades amenas; de lo que se nos cuenta aquí surge una mejor comprensión de la forma en que aparecen pautas regulares en la naturaleza y en la vida.

En conclusión, la cuestión de la calidad de Dios es una cuestión amplia y seria, y si yo intentase tratarla del todo, tendría que retenerlos en este sitio hasta el Día del Juicio, por lo que deben excusarme por tratarla en forma resumida.

El argumento de Dios como geometra es una concepción derivada del antiguo despotismo oriental. Es una concepción indigna de hombres libres. Me uno a Bertrand Russell en el desafío de manternos en pie y mirar al mundo a la cara. Tenemos que hacer de nuestro mundo el mejor posible y dejar las esperanzas de que alguien las haga por nosotros, y si no es tan bueno como deseamos, después de todo será mejor que el que esos otros han hecho en todos los siglos.

Un mundo bueno, necesita conocimiento, bondad y valor. Esto significa, enfrentar la vida con responsabilidad, y enfrentarla éticamente, ya que no podremos culpar a nadie de lo resultados obtenidos. En vez de esperar del Gran Arquitecto, debemos ser el Arquitecto de nuestro propio destino, asumir la totalidad de la responsabilidad, donde el otro es un elemento cuya funcionalidad dependerá de mi propio análisis y donde yo seré el responsable de dicha interacción.

En cuanto a la fuerza que ejerce la sociedad, ya sea a través de sus instituciones o de las personas, seguirá siendo el desafío que nos de más fuerza para orientar nuestra conducta y superar dicha influencia.

Ser Arquitecto de nuestro propio destino debería significar el prepararse para el dominio de si mismo y del desarrollo de la fuerza necesaria para manejarse acertadamente en sociedad. Recuerda que independiente a la creencia o no de un Gran Arquitecto del Universo, existe un rincón del universo que con toda seguiridad puedes mejorar; y eres tú mismo

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La herejía de los Templarios, el librepensamiento

Esta semana los diarios del mundo se hicieron eco de la publicación del libro Processus contra Templarios que recoge los documentos, hasta ahora desconocidos por el público, del proceso seguido en el siglo XIV contra la entonces influyente Orden del Temple.

La obra, de 300 páginas, en una edición limitada de 800 ejemplares es el tercer volumen de la serie Exemplaria Praetiosa, –las colecciones más significativas del Archivo Secreto Vaticano– realizada en colaboración con la editorial Scrinium.

El libro recoge facsímiles de los pergaminos originales, las actas del proceso a los Templarios (28 de junio 1308-1311) custodiadas en el Archivo Secreto Vaticano; mientras en otro volumen se presenta por primera vez en edición crítica la trascripción de esas actas.

El volumen cuenta con una edición facsímil del pergamino de Chinon, que recoge la absolución del papa a los caballeros, en agosto de 1308. Debido a un error de catalogación, se consideraba perdido hasta que la investigadora italiana Barbara Frale lo encontró entres los miles de estantes de la Biblioteca y Archivos secretos del Vaticano en 2001.

La nueva edición se reproduce en pergamino sintético y cuenta con una copia del sello papal lacrado y un comentario erudito, y se presenta en una caja de cuero blando. El original mide medio metro de ancho y dos metros de largo. Cada ejemplar cuesta unos 5.900 euros. Ya se han reservas solicitudes de bibliotecas y coleccionistas de todo el mundo, según ha señalado a la BBC Rosy Fontana, portavoz de Scrinium, la editorial que gestiona las ventas.

Auge y caída del Temple

Fundada al calor de la I Cruzada, la orden del Temple fue el primer intento de establecer una entidad que incorporara tanto el factor monástico con el militar en su vocación espiritual. De ahí que recibiera el apoyo entusiasta de san Bernardo y que no pocos reyes incluidos monarcas de los reinos españoles la miraran con agrado y la favorecieran. Los templarios se convirtieron en un ejército eficacísimo en la lucha contra el Islam al igual que sucedería poco después con los Hospitalarios. Sin embargo, a diferencia de éstos que se ocupaban de enfermos, necesitados y heridos, no contaron con ningún énfasis en cuestiones relacionadas con el ejercicio de la caridad y no tardaron en entregarse a funciones de carácter bancario que casaban mal con su vocación de monjes soldados. Por si fuera poco, algunos de los caballeros templarios no tardaron en sentirse atraídos por corrientes gnósticas orientales manteniendo unas relaciones sospechosamente cordiales con grupos como la secta musulmana de los hashishim o asesinos. En qué medida esta suma de elementos inficionó a la orden es difícil de establecer.

Que perdió buena parte de su carga espiritual primigenia y que no pocas veces funcionó más como una entidad crediticia que espiritual es innegable. Cuestión aparte es que, efectivamente, fuera culpable de los cargos formulados contra ella en el proceso orquestado por Felipe el Hermoso. De hecho, cuando la orden fue disuelta y se procedió a juzgar a sus caballeros en otras partes del mundo por regla general obtuvieron sentencias absolutorias. En España, por ejemplo, ninguno de los monarcas se opuso al proceso y, por el contrario, se permitió que los legados papales lo llevaran a cabo sin interferencias. El resultado fue que no se dictó una sola condena en el ámbito de Castilla, Navarra, Portugal o Aragón. Incluso puede añadirse que aunque los templarios tenían la posibilidad de cobrar una pensión procedente de los fondos de la disuelta orden y retirarse, prefirieron integrarse en su mayoría en otras órdenes militares, lo que no sólo no chocó con objeciones sino que recibió un inmenso apoyo.

Aún más. Cuando antiguos templarios dieron origen a nuevas órdenes como la de Montesa la iniciativa fue acogida favorablemente tanto por las autoridades eclesiásticas como por las civiles. En términos generales, por lo tanto, la orden del Temple no se había visto contaminada por los hechos que se le imputaban y así se entendió en la época. En términos generales porque excepciones de enorme relevancia las hubo. Por ejemplo, un grupo de templarios franceses marchó a Escocia donde Roberto el Bruce se enfrentaba con los ingleses un episodio reflejado en parte por la película Braveheart y se puso a su servicio. El rey Roberto los acogió entusiasmado no en vano eran magníficos guerreros y quizá incluso llevaban consigo fondos salvados del expolio de la orden y los utilizó para vencer militarmente a los ingleses y conservar la independencia de Escocia.

La orden había cobrado una fuerza inusitada. Acumulaba riqueza y propiedades en Europa y Oriente Próximo e incluso puso en marcha un sistema bancario internacional a través del que financiaron la guerra de algunos monarcas. Con el fin de las Cruzadas, su poder y secretismo levantaron sospechas entre las potencias europeas.

Uno de los que recelaban más era Felipe IV. Los historiadores consideran que tenía deudas económicas con la orden y que lanzó las acusaciones de herejía con la intención de arrebatarles sus riquezas. En 1307, Roma abrió una investigación contra los Templarios para esclarecer qué había de cierto en aquel escándalo.

La investigación concluyó cinco años después que los Templarios no eran culpables de herejía, sino de delitos menores contra la ley de la Iglesia. De hecho, el papa Clemente V absolvió a la orden en 1308 y pensó reformarla.

Cargos dirigidos contra los Templarios
Una de las principales acusaciones contra los caballeros era la de que practicaban ritos de iniciación blasfemos que incluían escupir sobre la cruz. Las actas revelan, según la historiadora, que los caballeros incluían estos actos en su entrenamiento militar como un recurso de defensa en caso de ser capturados por los ejércitos musulmanes.

Otras acusaciones habituales contra los Templarios fueron la de desobedecer a la curia Romana, aproximarse al Islam y a la herejía cátara, practicar la sodomía y abogar por un reino teocrático en Europa, encarnado en un monarca que concentraría el poder celestial y el temporal. Tampoco se vio con buenos ojos que se rodearan del aura de ser los conservadores del Santo Grial. Esta faceta de los caballeros ha servido de base para numerosas leyendas y obras de ficción, como el best-seller El código Da Vinci, de Dan Brown, o las novelas de Peter Berling acerca de los herederos de linaje de Jesucristo.

Para empezar, fueron relativamente pocos los templarios ejecutados, aunque los sometieron a tormentos insoportables para que confesasen. No muchos ardieron en la hoguera, aunque no deje de causar impresión que todo un Gran Maestro como Jacobo de Molay fuese tostado lento en la Île de la Citê, a la sombra de la catedral de Notre Dame de París. Pero hubo más miles de templarios y solo quienes se negaron a confesar o se retractaron de sus confesiones murieron. Sin embargo, ¿qué validez podría atribuirse a unos testimonios arrancados mediante hierros al rojo y cepos? ¿Y qué pretendían que confesaran?

El crimen más grave que confesaron los caballeros fue la supuesta adoración de una estatuilla. En el capítulo se veneraba a un “Bafometo”, un símbolo. Dependiendo de la inspiración que proporcionaba la tortura de aquellos desdichados, podría tratarse de una cabeza de piedra o madera, con o sin barba, unas veces tenía pie, otras no. ¿De dónde se originaban estas patrañas? En el estricto secreto con que se reunía el capítulo, por ejemplo: en un principio, tal vez por motivos militares, pues se tenía un cuidado especial para que nadie sin autorización tuviese acceso a las sesiones. Este secretismo debió dar pie a toda suerte de oscuras supersticiones, que, como es natural, los enemigos de la Orden no tardarían en aprovechar.

La negación de la divinidad de Jesús y la acusación de escupir a la cruz formaban parte de los crímenes que más a menudo declaraban. Todas las demás acusaciones, como despilfarro de los bienes de la Orden, una cierta falta de escrúpulos en los negocios, mantenimiento en secreto de la regla, atribución de funciones propias de sacerdotes, resultaban ser exageraciones.

Viendo así, con el beneficio de la perspectiva que otorga el tiempo, lo que consta acerca de las confesiones de los Templarios no carece de imaginación. Todo aquello parece absurdo en relación a la idea de que eran devotos caballeros de Cristo y defensores del ideal cristiano; cuanto más los torturaban, más resaltaba esa divergencia.

Baphomet, ni ídolo, ni dios. Símbolo
En cualquier caso, el círculo interior de la Orden no escatimó esfuerzos en proteger sus conocimientos secretos. Un prestigioso especialista en estudios bíblicos, Hugo Schonfield, ha demostrado que los Templarios utilizaron el sistema de codificación llamado cifra Atbash.

Con independencia de lo que pueda significar, el hecho por sí solo revela que el interés de este círculo interno por guardar sus secretos era tan grande que recurrieron a los métodos más ingeniosos. Schonfield explica cómo al aplicar el código al nombre del misterioso ídolo de cabeza cortada, idolatrado por los Templarios, el Baphomet, resulta la palabra griega Sophia. Como ha escrito Graham Hancock en The Sign and The Seal, “significa sabiduría, nada más”, y este pleno sentido aporta un matiz muy diferente a toda la raison d’éter de los Templarios.

A simple vista, Baphomet parece el símbolo de un monstruo. Se encuentra de pie sobre un altar, posee cornamenta, senos de mujer y las partes sexuales de un hombre. A veces tiene la barba de un hombre, la melena, las garras de un león, las alas de un águila y las pezuñas de un toro. En el Tarot, esta imagen es asociada en un primer momento a toda clase de calamidades y se transforma en una figura monstruosa y aborrecible, más cuando a esta imagen se le otorga el nombre de “Lucifer”.

Entre los israelitas se había prohibido dar a las concepciones divinas un cuerpo de naturaleza humana o animal. Ante esto, solo se podían esculpir figuras jerárquicas como son los querubines, y otorgarles formas mixtas, es decir, cuerpos de animales con cabezas humanas, de águilas o de leones. Estas figuras no iban en contra de la creencia del pueblo israelita en Yahvé, ya que estos híbridos —que ante nuestra concepción pueden parecer monstruosos— eran concepciones increadas de la divinidad misma. Los israelitas no adoraban al toro. Adoraban la representación de un pensamiento, el cual no tenía ningún parecido a los seres creados.

El toro, el perro, el águila, el macho cabrío y el león son símbolos herméticos que han permanecido en la intimidad de la tradición de Egipto y de la India. El toro, en alquimia, simboliza la tierra o la sal de los filósofos que debe licuarse y ascender en la evaporación en el proceso de la sublimación —no en vano es asociado muchas veces con el alma—. El perro es el mercurio de los sabios o el fluido que resulta de la combinación del aire y el agua. El águila es símbolo del proceso de la purificación alquímica. Representa las nueve fases del opus, la fijación de lo volátil y la volatilización de lo fijo, es decir, el equilibrio, la purificación de los elementos mediante el fuego y la elevación de la naturaleza instintiva humana. El macho cabrío representa el fuego y es el símbolo de la generación. El león —del cual el Baphomet posee las garras y la melena— simboliza tanto el sol como el oro, cuando es rojo. También simboliza la sutilización de lo denso en el Solve et Coagula o la purificación del espíritu en oro.

La figura del Baphomet además tiene otras características. En su cabeza posee una cornamenta doble y en medio de ellas arde una antorcha de fuego dirigida a las alturas.

El nombre mismo de “cuerno” se encuentra vinculado a la raíz indoeuropea KRN, que significa “corona”, que es otra expresión simbólica de esta misma idea, pues esas dos palabras —en latín cornu y corona— están muy próximas entre sí. Es demasiado evidente que la corona es la insignia del poder y es la señal de una jerarquía elevada. Por otra parte, encontramos una primera relación con los cuernos en el hecho de que estos también están situados en la cabeza, lo cual da bien la idea de una elevación.

La corona era primitivamente un aro cornado de puntas en forma de rayos; y los cuernos, análogamente, se consideran como figuración de los rayos luminosos. Está claro, por lo demás, que los cuernos pueden asimilarse a armas, incluso en el sentido más literal, y también así ha podido vinculárseles una idea de fuerza o potencia, como, de hecho, ha sido siempre y en todas partes. Por otro lado, los rayos luminosos son adecuados como atributo de la potencia, ya sea, según los casos, sacerdotal o real, es decir, espiritual o temporal, pues la designan como una emanación o una delegación de la fuente u origen.

Como sabemos, el fuego es un símbolo esotérico y místico muy antiguo. Dentro de su significado todas las tradiciones, ya sean griegas, romanas, indias, celtas, germanas, escandinavas, indoeuropeas, concuerdan en un punto: el fuego es el vehículo de la unión con la divinidad. El fuego es el símbolo del alma en perpetua sed de reintegración, es la síntesis de las transformaciones de los otros tres elementos —tierra, agua y aire—. El fuego se relaciona con el corazón, y también se identifica con el Sol, el vehículo de la luz que es propiamente el símbolo del alma. Es ahora fácil saber cuál es la verdad tras el mito del sabath, de las brujas de la Edad Media, un rito en torno al fuego. Sin duda, se trata de monstruosidades que fácilmente entran en la mente de la ignorancia y la mala interpretación.

La antorcha del Baphomet que resplandece entre sus cuernos es la dimensión instintiva del ser humano, elevada por encima de la materialidad. Extiende sus brazos, uno hacia lo alto y el otro hacia abajo. En ambos casos, sus manos realizan el signo esotérico universal. Ante su brazo en alto aparece una luna blanca y ante su brazo bajo, una luna negra. Este signo es el símbolo de la armonía de los contrarios, del equilibrio entre la dualidad, entre el masculino-femenino, el principio activo-pasivo, etc. Finalmente, nos recuerda que nos encontramos en este mundo con el fin de sintetizar en el ternario el equilibrio de los opuestos de la vida. Este símbolo también se corrobora en torno a las serpientes que rodean el caduceo. En ello debe verse una alusión a dos fuerzas o corrientes inversas que están respectivamente relacionadas con los dos polos. Estos polos representan una fuerza doble y opuesta en apariencia, pero que en realidad son una sola en su punto de emanación. Finalmente, lo aparentemente opuesto es uno en su punto de origen.

Baphomet en los Templarios
En algunos artículos relacionados con las acusaciones a los Templarios por parte del papado, podemos observar que se hace referencia a un culto ligado a una cabeza humana. En algunas iconografías se observan cabezas con tres caras o una sola. Estas eran fabricadas de madera o de metal y muestran rostros de aspecto bondadoso o malvado y de diferentes colores, barbudos o lampiños.

La cabeza de triple rostro formaba parte de un complejo sistema de iniciaciones practicado por los Templarios, iniciaciones que denotan un amplio conocimiento de la cábala hebrea.

Para los Templarios, la cabeza poseía una gran importancia como símbolo de la regeneración iniciática, el sacrificio —que recordemos, es una palabra que tiene su raíz en el latín Sacrum Facere, que significa hacer sagrado, o bien hacer pasar un objeto o símbolo al plano divino, lo cual implica una elevación—. Por lo anterior, hablamos de una cabeza que simboliza la comunión humana con la divinidad. Finalmente y desde tiempos inmemoriales, la tradición primordial vinculada al simbolismo de la cabeza se encuentra íntimamente relacionada con la inmortalidad, el corazón, el receptáculo, el caldero o el Santo Grial.

La cabeza es el receptáculo de una energía para muchos misteriosa, ya que de ella emana la luz, el aura o la conocida aureola. Este símbolo implica la vinculación del ser humano con la divinidad y al mismo tiempo establece una cadena de unión indisoluble entre el mundo visible y el mundo invisible.

El Baphomet simboliza la cabeza del anciano o la sabiduría, el chokmak hebreo. La cábala lo identifica con el Adán kadmon u hombre celestial. Es el anciano que está constituido por tres cabezas, que son en realidad una sola y que tiene el atributo de la sabiduría. La cabeza de anciano es triple y alude a la perfección del ternario y al significado de las tres letras madres del alfabeto hebreo. Estas letras son el fundamento de la cábala YHV, las cuales se entrelazan en la palabra YAHVÉ, y nos hace pensar que los Templarios tenían dominio sobre la sabiduría de la cábala. Así, Baphomet no era un dios ni un ídolo, era un símbolo.

La figura del sabio se identifica con “El Ermitaño” del Tarot, el cual nos enseña sobre la necesidad de ocultar la búsqueda interior, ya que es en la prudencia donde se revelan los misterios y las experiencias místicas. No sin razón, muchas veces se denomina al ermitaño como “La lámpara velada”.

He aquí la esfinge del terror de la Edad Media, la imagen monstruosa que la Inquisición más temía y por la cual encendió hogueras de inocentes por toda europea y América. Aquí esta el Satán que no existe más que en la ignorancia de los hombres, el símbolo de la estrella de Salomón dividida en dos triángulos y que se transformó en la más absurda de las supersticiones, cuando en realidad solo representaba la dualidad y la reintegración

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El humanismo masónico

Esta semana terminé el proceso de edición de mi próxima obra que llevará el título de Los hijos de la Luz. El libro además inaugura las publicaciones de mi editorial. La obra devela la verdadera identidad de los maestros masones y la lucha del librepensamiento contra el dogmatismo para lograr el progreso humano. Trata sobre las poderosas sociedades guardianas del misterio de la Luz y desmiente las versiones que confunden las ideas liberales, el afán de progreso, el culto al trabajo y la búsqueda del conocimiento, con el culto diabólico del espíritu.

En este libro explico cuáles son las ideas, los pensamientos y la identidad de los hombres que participaron en la organización del mundo y qué influencias tienen actualmente en las decisiones de los Estados.

Con una prosa amena y precisa, en esta lúcida investigación filosófica descubro las relaciones entre los actos y las palabras de los “Hijos de la Luz” y su enfrentamiento con el dogmatismo. Indagar en sus identidades es una invitación a reflexionar sobre la evolución del conocimiento humano desde una perspectiva diferente donde propongo humanizar todo el simbolismo ecriptado que representa el Maestro Hiram en la Masonería.

El desenlace de Hiram
En la leyenda del grado, los que asesinaron al Maestro Hiram están personificados en la Mentira, la Ignorancia y la Ambición. La Mentira atacó primero y le pegó un golpe, símbolo de un velo que cubrió la cabeza y lo hizo desconocido. La Ignorancia asestó el segundo golpe, guiada por la Mentira, se encargó de impartir imposturas. La Mentira y la Ignorancia eran audaces y sus triunfos fueron rápidos. La Ambición, que había dirigido la trama, viendo la credulidad y la debilidad de los demás obreros, se dijo así misma: todo va bien, pronto ocuparé el lugar del Maestro.

La causa de nuestro acervo duelo es la contemplación de la mentira, la ignorancia y la ambición como elementos que amargan y matan la vida. Ellos alejan al hombre de los manantiales de regeneración y de fuerza que la naturaleza abre a todas las aspiraciones, como la madre derrama sus pechos en la boca sedienta del hijo, después que lo ha formado y nutrido en su sangre. De la vida universal venimos y a la vida universal volveremos, y en este tránsito solo estos malos hábitos nos apartan de las ondas claras y serenas del bienestar. Este es el sentido que resplandece en la leyenda simbólica del grado.

Unidos los tres asesinos en torno al cadáver de la inocente víctima y al contemplar ensangrentado y lívido el rostro de aquel Maestro tan bueno, puesto que era tan justo y laborioso, sintieron alzarse desde el abismo de su ser al no contar con la palabra que buscaban. Creyendo ocultar el homicidio, resuelven conducir el cuerpo a un pie de una montaña, donde lo entierran y, aturdidos, clavan en la fosa una rama de acacia para que no reconocieran que la tierra había sido removida. Luego, fueron a ocultarse en una profunda cueva, vana precaución, porque llevaban consigo sus propias conciencias horrorizadas, pues pretender que la razón no acuse al culpable es como impedir que la semilla no germine.

Así aparece la aurora del día siguiente, convocando a los obreros al trabajo. Y cuáles serán la sorpresa y la turbación al no encontrar en el Templo al querido Maestro, siempre el primero en concurrir, como siempre el último en retirarse al descanso. Lo buscan ansiosos, lo llaman con una congoja creciente. El Maestro Hiram no aparece ni responde. Donde el día anterior repercutían las alegres notas del trabajo, ahora todo yace envuelto en silenciosa tristeza de desolación. Se hace imposible trabajar en el desorden y la ignorancia. Hiram representaba la verdad que alumbra, la razón que guía y en la verdad inspirada.

Roto el acuerdo armonioso de la fraternidad, de la disciplina, no estimula, ni puede hacer fecundo el trabajo. Siete días transcurrieron en la más punzante zozobra. Presa Salomón de la misma pena, y participando de las sospechas del crimen, que también comenzaban a asaltar a los obreros, nombró en grupos de a tres una comisión de nueve maestros de completa confianza para que averiguaran el destino del inconsolablemente llorado Hiram.

Entretanto, aprovechándose de la confusión que sobrevino en el taller y para extraviar las sospechas, volvieron los tres compañeros asesinos al Templo y se mezclaron con los otros. Así, la Mentira, la Ignorancia y la Ambición se presentaron para consolar y dirigir a los mismos a quienes habían sumido en el llanto y, hasta imaginándose por el momento asegurada la impunidad, continuaron sus planes ambiciosos. Propusieron glorificar al Maestro levantándole altares para que le tributasen culto los hombres. Muchos se dejaron seducir, pero los prevenidos no entraron en el juego. La anarquía se produjo. Rota la cadena de unión, que era la fuerza de aquella sencilla y sincera familia, los buenos quedaron a merced de los malvados, sirviéndoles de instrumentos inconscientes contra su propia causa y propósitos.

Felizmente, la vegetación de la mentira y del error es efímera: crece a veces, rápida y avasalladora, pero su savia es débil y enfermiza, se agota al fin; mientras que la vegetación de la verdad y la justicia, aunque lenta, es indestructible. Inútiles fueron ya las intrigas, las persecuciones, todas las violencias y los recursos a que apelaron aquellos traidores, que bajo la careta de leales discípulos del Maestro buscaron fundar su despotismo personal.

De los nueve comisionados por Salomón, todos pagaron con la vida la lealtad y su denuedo, pero eran remplazados por otros igualmente animosos y convencidos de que sus esfuerzos no serían inútiles.

Cuando, ya desalentados y extenuados por el trabajo y la lucha, con el pensar del deber cumplido y legar a sus descendientes la prosecución de nuevas investigaciones, les llamó la atención un ramo de acacia que se agitaba de modo extraño sobre la tierra removida. Arrancaron el árbol, reconociendo con sorpresa que era como una planta viva, como un símbolo palpitante de la madre naturaleza. La ficción se revistió de realidad, y una intuición profunda llenó de luz los ojos de los obreros, a la vez que una fuerza soberana agitó sus cansados músculos.

Removieron la tierra y el hombre, aparentemente un cadáver, fue descubierto. Al lado de aquel hombre aparecieron una regla y un compás y sobre el pecho, la letra “G”. Levantaron el velo que cubría el rostro, y al verlo exclamaron en una explosión de suprema alegría.

La Era de la Luz
Así se presenta la leyenda de Hiram en cada ceremonia de exaltación a la maestría. Como podemos comprender, el doloroso drama del Maestro Hiram personifica el prototipo justo que triunfa sobre la muerte y la corrupción, la renovación de la vida individual más allá de la muerte aparente. El personaje de Hiram se presta a interpretaciones lo suficientemente amplias como la alegoría de los fenómenos de la naturaleza cósmica, gobernados por sus leyes de vida y de muerte en sus transformaciones periódicas. Esto es, tratándose de sociedades, por leyes de armonía y desorden, de composición y descomposición, de progresos y regresiones atávicas, así es sobre todo un símbolo moral.

Es el hombre de bien perseguido, el pensador vilipendiado, el inventor despreciado. Es Job en su féretro; Prometeo en su roca; De Molay en su hoguera; son los filósofos y herejes sacrificados por los esbirros de la Inquisición; los intelectuales arrojados al exilio por pensar diferente. Es todo aquel que sufre por una causa justa; todo libertador que sucumbe por la humanidad.

No obstante, Hiram no es solo el justo, sino también la justicia. Es la libertad violada. Es la civilización amenazada por la invasión. Es la cultura intelectual y moral de un pueblo minado por la superstición y el fanatismo. Es la idea de progreso, bajo todas sus formas, contenida tanto por los sofismas como por las persecuciones.

Pero la libertad y la justicia, la civilización y el progreso son fuerzas indestructibles que, como Hiram, pueden sufrir un eclipse momentáneo, pero que, al igual que los Hijos de la Luz, persisten y viven bajo la rama de acacia hasta que amanezca el día en que la humanidad toda desee romper las cadenas de la mentira, la ignorancia y la ambición que mantienen en vilo el progreso de la humanidad. A pesar del ritmo, de las detenciones y los retrocesos, la evolución marcha hacia un porvenir mejor.

La identidad de los masones
La Masonería procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Impulsa a sus miembros a transformarse en elementos útiles para la sociedad.

Enseña mediante sus grados y ritos que no son de un siglo, tampoco se establecieron de una vez para siempre, sino que fueron apareciendo en épocas diferentes como pensamientos e ideas que gradualmente se desarrollaron y se unieron por una atracción natural y progresista de la civilización. Claro que la Masonería consiste en algo más que conferir grados, en la exacta repetición de las lecturas de cada grado, y en el familiar conocimiento de las fórmulas y palabras que se usan en la apertura y en la clausura de sus trabajos.

La misión principal de la Masonería es enseñar la ley de evolución y del progreso, el hombre hacia la perfección. No es posible hallar una verdadera interpretación de la Masonería si no se relaciona su sistema estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad. Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado.

La finalidad de sus grados consiste en presentar al masón objetivos de evolución en vida, no para el mundo de las ideas, sino para concretarlos en la Tierra, por lo cual debe esforzarse a implementar. El camino evolutivo, en el cual se funda la Masonería, es, desde todo punto de vista, práctico y útil. Significa, para el que recorre un progreso en capacidad mental, conocimientos, visión, sabiduría y fuerza espiritual que lo comprometen a volcarlos en bien de la humanidad.

La Masonería ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero. Es un despropósito ser masón y no preocuparse por estos temas, que son individuales y a la vez colectivos.

Procura demostrarnos, en fin, que seremos esclavos de nosotros mismos y susceptibles a circunstancias limitadoras solo hasta que tomemos conciencia de que el hombre es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros, y que la búsqueda del propio interés racional y de nuestra felicidad es el más alto propósito en la vida.

La posesión de antiguos secretos que excitan la curiosidad de los hombres y atraen de una manera irresistible a sus templos no le bastaría para afianzar perpetuidad y vitalidad perenne. La Masonería se desarrolla en los siglos porque sus fines son más nobles y elevados que la simple conmemoración de sus misterios secretos, porque requiere que ellos se conviertan en norma de vida de sus adeptos y que estas normas se cumplan a cabalidad. De lo contrario, ¿para qué sostener algo que no se practica?

En fin, la Masonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica, iniciática y progresista. Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la fraternidad humana. Constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las nacionalidades y credos. Como institución docente formativa tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio en que vive y convive, promueve el estudio de la moral universal, de las ciencias y las artes para alcanzar la fraternidad universal del género humano

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La cultura es lo que importa

¿De dónde vienen las reglas morales? De la razón, afirman algunos filósofos. De Dios, aseguran los creyentes. Rara vez se considera otra fuente como la que hoy defienden algunos biólogos: la evolución.

Una mirada a la selección natural y a la supervivencia de los más fuertes sólo parece confirmar los valores más egoístas. Pero para los animales que viven agrupados el egoísmo debe ser limitado o no habría ventaja en vivir en sociedad. ¿Puede la conducta desarrollada por los animales que viven en sociedad ser el fundamento de donde partió la moralidad humana?

En el libro Hipótesis de la felicidad , Jonathan Haidt, psicólogo moral de la Universidad de Virginia, construye una visión amplia de la moralidad donde rastrea su conexión tanto con la religión como con la política.

Haidt comenzó investigando la emoción de la aversión. Al probar las reacciones de la gente ante situaciones como la de una familia hambrienta que cocinó y comió a su perro luego de que éste hubiera muerto en una ruta, exploró el fenómeno en que la gente siente fuertemente que algo está mal pero cuyo porqué no puede explicar.

Este fenómeno lo llevó a ver a la moralidad conducida por dos sistemas mentales separados. Un sistema antiguo, que él llama intuición moral, se basa en las conductas con carga emotiva que se desarrollaron antes que el lenguaje. Un sistema moderno, que llama juicio moral, llegó después del lenguaje, cuando la gente pudo expresar por qué algo estaba bien o mal.

Las respuestas emocionales de la intuición moral ocurren de manera instantánea; son primitivas reacciones viscerales que evolucionaron para desarrollar decisiones intempestivas que ayudan a la supervivencia en un mundo peligroso. El juicio moral, por otro lado, llega más tarde, cuando la mente consciente desarrolla una racionalización para la decisión que llegó a través de la intuición moral, escribe Haidt.

La racionalización la educación
Jorge Werthein, es director de la Unesco en Brasil escribió esta semana para el diario argetnino La Nación, un artículo que coloca a la educación como valor supremo para el progreso humano.

“Hay que votar por la educación porque de esa manera se estará votando simultáneamente por el desarrollo sostenible y por la producción de más conocimientos: en la tarea pedagógica, en el ámbito de las ciencias, en la preservación del medio ambiente, en el control del sida, en la salud, en la creación de empleos, en la disminución de la muerte y violencia, en la seguridad, en los derechos humanos y en la construcción de una democracia plena.

También elegirán la educación los miles de padres y madres, los integrantes de las ONG socioeducativas, el gran número de empresarios que defienden la mejoría de la calidad de la enseñanza, los ministros provinciales de Educación, el titular de la cartera educativa nacional y sus colaboradores. Serán millones de votos.

Hay que votar por la educación porque sólo a través de ella se logra la verdadera inclusión social de la que tanto se habla. Otras áreas pueden prometer lo mismo, pero difícilmente consigan cumplirlo, por lo menos no con la misma eficiencia y estabilidad.

Hay que votar por la educación porque ella representa la inversión con más alto índice de retorno. Cada centavo invertido en la educación, y bien gestionado, representa millones de pesos en desarrollo y en ahorro y porque sustenta a otras áreas como las artes, la industria y el comercio. Con educación, la sociedad avanza como un todo.

Hay que votar por la educación porque sin ella no existirá el desarrollo científico y tecnológico. El conocimiento que ella proporciona fortalece y enriquece la democracia. La verdad es que no puede haber democracia sin educación de calidad para todos, a lo largo de toda la vida. Por el contrario, hay exclusión social en sus diversas formas.

Hay que votar por la educación porque es una de las principales salidas para disminuir las alarmantes disparidades internas, regionales y mundiales. Con recursos adecuados, con un eficiente sistema de gestión y con una política de discriminación positiva, la educación puede reducir –y, en el largo plazo, eliminar– la brecha interregional y las propias diferencias intrarregionales, que transforman a compatriotas en extranjeros en su propio país. La educación universal y de calidad puede garantizar igualdad de oportunidades para todos”.
La educación nos trae libertad
Mario Vargas Llosa escribió hace par de semanas una nota para el El País, de España, donde presenta un caso del gobierno autónomo de Cataluña, donde ha obligado a un colegio público de Gerona a admitir a Shaima, una niña marroquí de ocho años, que desde hacía una semana faltaba a clases porque las autoridades del plantel le habían prohibido el ingreso mientras llevara el hiyab o velo islámico. El director fundó la prohibición en el reglamento del colegio, que rechaza en el atuendo de los alumnos “cualquier elemento que pueda causar discriminación”. Por su parte, la Generalitat considera que “el derecho a la escolarización” debe prevalecer sobre las normas internas de los centros educativos.

A diferencia de lo que ocurre en países como Francia o el Reino Unido, donde hay leyes sobre el uso del velo islámico en las escuelas públicas, en España no existe legislación al respecto y hasta ahora el permiso o la prohibición de llevarlo estaba librado al criterio de los propios centros de enseñanza. Lo ocurrido con la niña marroquí establece un precedente que, de prevalecer y extenderse, abriría las puertas de la instrucción pública al llamado multiculturalismo o comunitarismo. A mi juicio, semejante perspectiva es sumamente riesgosa para el futuro de la cultura de la libertad en España.

A primera vista, semejante afirmación parecerá a algunos exagerada o apocalíptica. ¿Qué puede tener de malo que una pobre criatura, acostumbrada por la religión y las costumbres de su familia a tocarse con el hiyab lo siga haciendo en las aulas escolares? ¿No sería una crueldad obligarla a destocarse y lucir los cabellos a sabiendas de que, para sus creencias y usos comunitarios, tal cosa sería tan traumático como para las niñas cristianas exigirles mostrar el busto o las nalgas? De allí a considerar que prohibir el velo islámico a las niñas en los colegios públicos es prejuicio antimusulmán o etnocentrismo colonialista y racista hay sólo un paso cortito.

Sin embargo, no es tan sencillo. El velo islámico no es un simple velo que una niña de ocho años decide libremente ponerse en la cabeza porque le gusta o le es más cómodo tener los cabellos ocultos que expuestos. Es el símbolo de una religión en la que la discriminación de la mujer es todavía, por desgracia, más fuerte que en ninguna otra –en todas ellas, incluso las más avanzadas, se discrimina aún a las mujeres–, una tara tradicional de la humanidad de la que la cultura democrática ha conseguido librarnos en gran parte, aunque no del todo, gracias a un largo proceso de luchas políticas, ideológicas e institucionales que fueron cambiando la mentalidad, las costumbres y dictando leyes destinadas a frenarla. Una de esas grandes conquistas es el laicismo, uno de los pilares sobre los que se asienta la democracia. El Estado laico no está contra la religión. Por el contrario, garantiza el derecho de todos los ciudadanos de creer y practicar su religión sin interferencias, siempre y cuando esas prácticas no infrinjan las leyes que garantizan la libertad, la igualdad y demás derechos humanos que son la razón de ser del Estado de Derecho.

Los colegios públicos de un Estado laico no pueden ser confesionales, porque si lo fueran y privilegiaran a una religión sobre otras, o sobre los no creyentes, ejercerían una discriminación inaceptable en una sociedad de veras libre. En ésta la religión no desaparece, se confina en el ámbito privado, fuera de las escuelas y las instituciones públicas. Los creyentes pueden constituir escuelas privadas de carácter confesional, desde luego, o impartir en las iglesias o en el seno de las familias todas las doctrinas y creencias en las que quieren educar a sus hijos. Pero la religión no puede invadir el dominio público sin que principios básicos de la cultura democrática, sobre todo la igualdad y la libertad de los ciudadanos, se resquebrajen y se establezcan privilegios y jerarquías abusivas.

El velo islámico en las escuelas públicas es una cabecera de playa con la que los enemigos del laicismo, de la igualdad entre el hombre y la mujer, de la libertad religiosa y de los derechos humanos, pretenden alcanzar espacios de extraterritorialidad legal y moral en el seno de las democracias, algo que, si éstas lo admiten, podría conducirlas al suicidio. Porque con el mismo argumento con que se pretende que el hiyab sea admitido en las escuelas se puede exigir, como han hecho y conseguido los islamistas en algunas ciudades de Europa, que haya piscinas municipales separadas para hombres y mujeres pues para las hembras musulmanas resulta impúdico compartirlas con los varones.

Y, si se trata de respetar todas las culturas y las costumbres, ¿por qué la democracia no admitiría también los matrimonios negociados por los padres y, en última instancia, hasta la ablación del clítoris de las niñas que practican tantos millones de creyentes en el Africa y otros lugares del mundo?

El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras y, aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado.

Francia, donde el tema del velo islámico es objeto de viejos e intensos debates, lo ha entendido así y ha dado un buen ejemplo al resto de los países democráticos prohibiendo por ley, desde 2004, “el uso de elementos ostentatorios de carácter religioso en las escuelas e institutos públicos del país”. Al principio, esta medida fue considerada por algunos supuestos “progresistas” reaccionaria y sustentada en un prejuicio contra los inmigrantes de origen musulmán. No lo era. Por el contrario, su razón profunda es dar las oportunidades a todos, extranjeras y nacionales, de cualquier raza, cultura o religión, de trabajar y vivir en Francia en un ambiente de legalidad y libertad que les permita seguir practicando todas sus creencias y costumbres que sean compatibles con las leyes vigentes. Y, desde luego, renunciando a las que no lo sean, como hicieron las iglesias cristianas en el pasado, cuando tuvieron que acomodarse a las sociedades abiertas.

Si se considera que la democracia ha significado un extraordinario avance sobre los regímenes despóticos y absolutistas de antaño, es difícil entender que ella pueda ser sólo válida para los demócratas y que los países democráticos, en nombre de la falacia de la equivalencia absoluta de las culturas, admitan en su seno enclaves antidemocráticos o prácticas reñidas con los principios básicos de la igualdad y la libertad. Quienes defienden el multiculturalismo y el comunitarismo tienen una idea estática y esencialista de las culturas que la historia desmiente. Ellas también evolucionan, de acuerdo con el avance de la ciencia y con los intercambios de ideas y conocimientos, que son cada vez más frecuentes en el mundo moderno y que, poco a poco, van transformando convicciones, prácticas, creencias, supersticiones, valores y prejuicios.

Un musulmán moderno de, digamos, el Líbano o El Cairo tiene muy poco que ver con los musulmanes fundamentalistas de Darfur, que arrasan aldeas y queman a familias enteras por ser paganas, y ponerlos dentro de la misma etiqueta cultural es tan absurdo como considerar idénticos, por ser cristianos, a los católicos generalmente tolerantes y democráticos de las sociedades abiertas de nuestros días con los inquisidores o los cruzados medievales que torturaban y asesinaban en nombre de la cruz.

Si los países democráticos quieren ayudar de algún modo a que la religión musulmana experimente el mismo proceso de secularización que ha permitido a la Iglesia Católica adaptarse a la cultura democrática, lo peor que podrían hacer es renunciar a logros tan importantes como el laicismo y la igualdad para no parecer etnocentristas y prejuiciosos. No hay etnocentrismo alguno, sino universalismo y pluralismo estrictos, en no hacer concesiones en la defensa de los derechos humanos y de la libertad.

El sistema francés me parece más claro y más eficaz que el adoptado por el Reino Unido, donde el Estado ha transferido a los colegios e institutos de enseñanza la decisión de autorizar o prohibir el uso del velo islámico en las aulas. Pero esta potestad sólo vale en lo que concierne a los estudiantes. En cambio, a las maestras les está prohibido dar clases veladas, según una decisión del Poder Judicial del año pasado, luego de que una profesora se presentara en el aula británica embutida en un niqab, especie de carpa vestuario que cubre el cuerpo femenino de pies a cabeza. ¿No es absurdo que se prohíba a las maestras lo que se permite a las alumnas, o viceversa?

Masonería y educación
Casi siempre que se pronuncian las palabras masonería y educación se tiende a pensar en la actuación de la masonería en el campo de la enseñanza, por medio de diversos tipos de instrumentos: centros docentes; presiones en la orientación de la política educativa; influencias de políticos con vínculos masónicos y con responsabilidades en la administración educativa. Sin restar importancia a tales aspectos centrados en la actuación de la masonería en el mundo externo a ella, quedarnos sólo en ellos sería conocer una parte de la realidad porque la educación puede y debe ser contemplada como una actividad interna de la masonería.
La masonería es, por definición, una sociedad iniciática y como tal, debe ser considerada como una escuela de formación de sus integrantes. Desde esa perspectiva educativa, el objetivo de la masonería no es inculcar a sus adeptos, un conjunto de conocimientos sino, fundamentalmente, principios filosóficos y un sistema de valores.

Según nos enseña la propia historia de la orden, el ideal de hombre que la masonería quiere formar debe estar en posesión de tres cualidades básicas. Ha de ser una persona ilustrada, moral y libre. Ilustrado para que pueda aportar con su estudio algo en la tarea de progreso que la masonería propugna. Moral para que distinguiendo el bien del mal, contribuya a la felicidad propia y de los que le rodean. Libre porque sin libertad no se puede ser responsable. Y sin responsabilidad no se puede afirmar la persona.

Otros sectores masónicos han dado un matiz especial a esta última cualidad, interpretando la libertad en el hombre, como la ausencia de presiones externas, fundamentalmente provinientes de la Iglesia Católica.

Para alcanzar esas metas la masonería dispone, prioritariamente, de los trabajos en las logias. Los masones integrados en una logia se reúnen en reuniones o tenidas. En esas asambleas los masones leen trabajos, confeccionados por ellos mismos, sobre la historia de la orden, ritualismo, posibles actuaciones en la vida profana, filosofía de la masonería, etc. Esos trabajos, llamados en el lenguaje masónico planchas, pueden ser encargados por el venerable maestro, presidente de la logia, o pueden presentarse a iniciativa de los hermanos, siempre que el venerable lo considere oportuno. El carácter formativo de las tenidas no debe ser pasado por alto. Uno de sus objetivos primordiales es proporcionar a los integrantes de la logia motivos de reflexión mediante esos trabajos.

El carácter formativo se vislumbra con claridad en otro punto clave de la organización interna de la masonería: los aumentos de salario. Esto es, el paso de los masones de un grado al superior. Los reglamentos de las obediencias masónicas especifican con detalle, algunos de un modo exhaustivo, esos procesos. Es regla común que para alcanzar el grado superior se debe permanecer un tiempo determinado en el inferior. El objetivo es que el aspirante aprenda y asimile los conocimientos suficientes para poder desempeñar correctamente las responsabilidades del grado superior.
También el masón aspirante a alcanzar el grado superior debe demostrar ante sus compañeros de logia sus avances en conocimientos masónicos. Para ello ha de presentar un trabajo sobre una temática ya preestablecida. De ese modo sus hermanos pueden comprobar si ha asimilado correctamente las enseñanzas de la orden y es acreedor del grado superior.

Aunque esta es la norma general, las excepciones no han sido infrecuentes. Hay casos de aumentos de grados sin respetar los plazos establecidos debido a intereses espúreos y a compromisos personales. Pero también se han localizado logias, en las cuales las exigencias para las ganancias de grados superaban, con creces, la normativa establecida en los reglamentos generales de la obediencia.

El actitud masónica hacia el progreso humano
La educación, a partir de consideraciones estrictamente pedagógicas está encaminada a la alfabetización y capacitación académica del hombre, pero si nos referimos a los condicionamientos filosóficos, religiosos, sociales y políticos inextrincablemente unidos a las consideraciones pedagógicas, nos llevan a concluir que la connotación moderna de la educación rebasa la concepción eminentemente popular de la misma para adentrarse en el campo de la ciencia; es decir, no basta con enseñar científicamente el objeto, sino que el análisis debe hacerse con el auxilio de un método científico que permita su verdadero conocimiento.
El empleo de este método científico en la educación es lo que va a marcar la necesidad de una educación laica, que enseñe sin dogmatismo. Este criterio de laicidad, así entendido, es el que caracteriza la educación que defendemos los masones, la que debemos predicar y practicar.
Precisamente, José Pedro Varela, educador uruguayo, sintetizó admirablemente este concepto cuando en su obra La educación del pueblo dice: “En lo filosófico no se trató más del espiritualismo metafísico de la conciencia romántica sino del evolucionismo laico de la conciencia positivista que marcó toda una etapa en la historia de la enseñanza laica.”
Y desarrolla, a partir de criterios como el transcrito, la tesis de que en lo socio-político no bastan el igualitarismo y democratismo, que eran base del ideal de la enseñanza gratuita y obligatoria que se da a finales del siglo XIX y comienzos del XX, sino que requiere de una posición realista, antropológica y sociológica que considere además el sentido y fin de la educación en relación con el entorno geopolítico y cultural, las circunstancias, necesidades y oportunidades del hombre. La educación así concebida fortalece el concepto de igualdad que debe darse en toda sociedad humana y que tan caro es al ideario masónico.
Posted by libertad43 in 08:26:21 | Permalink | No Comments »